Es conocido el nombre que Lacan asignó a ese
lugar que Freud había identificado con la frase que dio título a su célebre
artículo Más allá del principio del placer. Ese nombre es el de
"goce", diferente de la acepción etimológica relativa al placer. En
la orientación lacaniana del psicoanálisis el goce es sinónimo de displacer y
es lo que distingue a la satisfacción pulsional.
Tres ensayos para una teoría sexual fue el
texto en donde Freud da cuenta en 1905 de la existencia de pulsiones sexuales
en el niño, con el consecuente escándalo en la Viena de la época.
La inicial diferenciación de las pulsiones en
yoicas y sexuales dio paso en la elaboración freudiana a la unificación
recogida bajo el término "libido" en Introducción al narcisismo,
1914. Una nueva diferencia vendrá a instalarse a partir de la aparición de Mas
allá del principio del placer, 1920, la libido estará ahora acompañada de
la pulsión de muerte, formulación controversial para ciertos sectores del
movimiento psicoanalítico. Lacan procede por su parte a unificarlibido y
pulsión de muerte bajo el término de goce.
Para Freud la satisfacción de la pulsión se
realiza en forma silenciosa, mientras que Lacan considera a la pulsión como
acéfala desde el punto de vista subjetivo, vale decir adolece de
representación, o lo que es lo mismo no existe significante que pueda ejercer
tal función. Por tanto, la pulsión, la sustancia gozante, está adscrita al
registro de lo real. Quizás no sea por azar que el vocablo infans
encuentre su sinonimia en lo que no tiene voz, en lo silencioso, característica
propia de la pulsión freudiana, que remite a la ausencia de significante, la
condición acéfala de la pulsión señalada por Lacan.
Freud en Inhibición, síntoma y angustia,
1926, afirma que en el síntoma neurótico se realiza una satisfacción pulsional
y Lacan en la inauguración de la Sección Clínica de Paris, en 1977, sostiene
que el síntoma es "lo imposible de soportar". De aquí que se pueda
decir que la satisfacción pulsional equivale a lo imposible de soportar. La
satisfacción pulsional traduce lo insoportable para el "parlêtre".
Así, "Lo insoportable de la infancia" reenvía a lo real del goce
pulsional, propio del síntoma.
El goce consiste en la condensación antinómica
entre placer y displacer, entre libido y pulsión de muerte. La reacción
terapéutica negativa, expuesta en El yo y el ello, evidencia este
aspecto condensatorio. Existe un apego al síntoma, a lo imposible de soportar,
el sujeto sufre, pero al mismo tiempo no puede separarse del síntoma, se aferra
a él. Freud infiere que en la dificultad para separarse del síntoma, en lo
insoportable, algo se satisface: una pulsión.
El cuerpo ocupa una función de primer orden en la
satisfacción pulsional, solo en un cuerpo puede tener lugar tal satisfacción.
Para Lacan el cuerpo se presenta como una superficie de inscripción, ya sea
para el goce pulsional como para lalengua, sinónimo de lo real sobre la cual el
inconsciente elaborará su elucubración, la invención del saber cifrado que lo
constituye.
Tanto el desvalimiento o desamparo del niño, la
"hilflosigkeit" freudiana, ligada al trauma como generadora de
angustia, como la dependencia del Otro del lenguaje materno, dejan marcas imborrables
tanto en el "parlêtre" como en el sujeto, marcas de goce en el
primero, marcas significantes en el segundo. Tanto las unas como las otras se
presentan como reliquias del trauma fundante, del encuentro del cuerpo con
lalengua, con lo real insoportable, con lo imposible.
Tanto la marca de goce en el "parlêtre"
como la marca significante en el sujeto son susceptibles de la escritura S(A/),
escritura del agujero en lo real y también del agujero en el Otro simbólico.
El agujero en lo real traduce lo imposible de
soportar, el síntoma como instancia de goce en el parlêtre" mientras que
el agujero en lo simbólico vehicula lo imposible de decir del sujeto.
Imposible de soportar del goce pulsional,
imposible de decir, dos expresiones de lo real presentes en "lo
insoportable de la infancia".

No hay comentarios.:
Publicar un comentario