domingo, 26 de abril de 2020

Lazo social y coronavirus




En el escrito La Psiquiatria inglesa y la guerra, Lacan destaca el trabajo realizado por Rickmann y Bion en lo que respecta a la integración de soldados “irreductibles” a una masa estable como lo es el ejército. Se trata de una temprana consideración de Lacan sobre la lógica que subyace en el lazo social.

Eric Laurent afirma, en su artículo El racismo 2.0, que existe una diferencia notoria entre Freud y Lacan en lo relativo al lazo social. Mientras el primero plantea su base de sustentación en el líder, subrogado del padre, tal como es descrito en Psicología de las masas y análisis del yo, el segundo lo funda en un primer rechazo pulsional, lógica que Lacan formula al final de El tiempo lógico y el aserto de certeza anticipada, con los tres tiempos lógicos allí presentados. La lógica colectiva que se desprende se soporta en la amenaza de un rechazo primordial. Un hombre puede reconocerse como perteneciendo a un conjunto humano en tanto rechaza a aquel o aquellos que no presentan el modo de gozar propio del conjunto.

Lacan no basa la lógica del lazo social sobre la identificación freudiana al  líder, sino sobre el rechazo al goce del otro ―Televisión dixit―; lo que sustenta el racismo y la identificación segregativa es el rechazo al goce del otro. Así, en la raíz misma de la constitución del lazo social, se encuentran presentes componentes de segregación y racismo. Estos elementos constituyen el aderezo lacaniano al Malestar en la cultura freudiano, tal como se preguntaba Lacan en Alocución sobre las psicosis del niño, pronunciada en octubre 1967. Se trata de saber cómo nosotros, los psicoanalistas, vamos a responder a eso: la segregación puesta a la orden del día por una subversión sin precedentes. Lo que comporta la matriz de la identificación segregativa se asienta, por tanto, en lo real pulsional de un goce no susceptible de inscripción en el registro significante.

En estos tiempos de cuarentena, ocasionados por el coronavirus, asistimos a formas de segregación que se presentan por doquier. Es conocido el considerable número de migrantes venezolanos que han decidido desplazarse a ciudades de naciones vecinas, a causa de la crisis humanitaria que azota al país. Así, asistimos a lo que se puede llamar una doble moral de ciertos políticos en funciones de gobierno.

La alcaldesa de una importante ciudad latino-americana asume su cargo a comienzos de este año surfeando una gran ola de popularidad, lograda por presentarse como alguien de mentalidad muy abierta y de gran tolerancia por las minorías. Luego de un primer momento, en que había demostrado complacencia en acoger en la ciudad a “los hermanos venezolanos”, saca a relucir, en plena pandemia, la xenofobia y el racismo que la habitan, bajo el velo de una demanda que solicita que sean las autoridades nacionales y no las locales las llamadas a ocuparse de esos migrantes que han invadido su ciudad y mermado su presupuesto. Y al mejor estilo de la negación freudiana, afirma no ser xenófoba para nada.

 En varias ciudades del mundo se celebra y aplaude, incluso a una hora fija cada día, la actuación valiente, desprendida, hacia los pacientes afectados por el Covid-19, demostrada por médicos, enfermeras y trabajadores de la salud. Recientes reseñas y testimonios dan cuenta de cómo, al mismo tiempo, esos dignos “sanitarios” son objeto de discriminación y rechazo por parte de vecinos, algunos que hasta ayer hacían semblante de cordialidad y buen trato. Graffitis en muros y en los parabrisas de sus automóviles, llamadas telefónicas, mensajes por las redes sociales, conminándolos a que cambien de residencia, que se vayan de la urbanización, pues terminarán por contagiar a todos. Los “sanitarios” son susceptibles de ser objeto de la más indigna segregación y rechazo social, como viene de suceder el día de ayer en una ciudad colombiana, donde un médico ocupado en tratar pacientes con coronavirus terminó siendo expulsado por sus vecinos del condominio en el que residía. No le quedó como respuesta subjetiva más que echarse a llorar.

Y si por desgracia alguien ha sido diagnosticado como enfermo de coronavirus o ha sido hospitalizado, ni hablar de los efectos de sus congéneres: rechazo, discriminación, segregación, racismo, absolutos. Hasta los mismos médicos, que han realizado el diagnóstico, recomiendan a sus pacientes la discreción más absoluta sobre el haber contraído la enfermedad, por temor, precisamente, a la identificación segregativa. Esto lleva a pensar que las cifras totales reportadas de contagiados y fallecidos, tanto a nivel local como a nivel mundial, quizás no sean las más veraces.  

El lazo social, ante situaciones contingentes, puede dejar asomar su lado más oscuro y obsceno en su relación al Otro, al goce del Otro.

“En el extravío de nuestro goce solo el Otro puede situarlo” ― Jacques Lacan. Televisión.


miércoles, 22 de abril de 2020

La psiquiatría inglesa y la guerra


Sobre el escrito de Lacan “La psiquiatría inglesa y la guerra”, que figura en “Autres Ecrits”, versará el seminario de docentes del  INES que dictará, en noviembre 2020, en Bogotá, la psicoanalista francesa Dominique Laurent. Es nuestro interés aproximarnos a lo que plantea Jacques Lacan en este texto.

Se trata de una conferencia pronunciada en “L´Evolution psiquiatrique”, en 1947, en la que se aborda la segunda Guerra Mundial, a partir de los efectos subjetivos causados en Lacan por un viaje realizado a Inglaterra durante tres semanas, en septiembre de 1945.

El artículo despliega un análisis detallado de la teoría y la práctica puesta al servicio del ejército durante la guerra, por parte de un psiquiatra y un psicoanalista inglés, Rickmann y Bion. Ellos escribieron, en la prestigiosa revista inglesa The Lancet, el artículo que, según Lacan, iba a dejar huella en la historia de la psiquiatría: “Intra-Group Tensions in Therapy. Their Study as the Task of the groupe”; es decir, “Las tensiones interiores al grupo en la terapia. Estudio propuesto como tarea del grupo”.

En ese trabajo de investigación, los autores dan cuenta de una actividad llevada a cabo en un hospital militar donde la ocasión, al mismo tiempo que los principios, adquiere valor de demostración de método. Lacan afirma que en este estudio se puede apreciar “el milagro de los primeros pasos freudianos”, al encontrar en el “impasse” mismo de una situación “la fuerza viva de la intervención.” [1]

Los grupos están conformados por soldados con serias dificultades para someterse a la disciplina militar y que mantienen una actitud cerrada a los beneficios que pudieran obtener de la terapia, a causa de la misma razón que los ha llevado allí. Lacan califica a estos soldados como “irreductibles”, agrupados en una llamada “compañía de disciplina” y  se pregunta cómo hacer de ella un grupo que funcione. [2] Dos elementos pueden contribuir a la respuesta posible: la presencia de un enemigo que favorezca la soldadura del grupo frente a una amenaza exterior común; y la existencia de un líder que pueda ejercer su autoridad sobre el grupo y que pueda transmitir al conjunto que él es capaz de asumir su responsabilidad sin jamás recular ante el compromiso contraído.

Es interesante constatar el trasfondo de lo que Lacan está planteando: los planteamientos formulados por Freud en el capítulo VII de “Psicología de las masas y análisis del yo”. Dos tipos de identificación aquí se delinean: la horizontal, realizada a nivel imaginario entre los integrantes de una masa o grupo; y la vertical, o simbólica, soportada en el líder o conductor del grupo. Estas identificaciones constituyen la matriz de las respuestas aportadas por Lacan sobre el pasaje posible desde la “compañía de disciplina” a grupo funcional.

Como es sabido, en 1921, después de haber formulado su segunda tópica que organiza la realidad psíquica, Freud retoma la cuestión del destino libidinal en la masa, a partir de los procesos identificatorios que rigen la vida psíquica. [3]
La relación de los integrantes del grupo con el líder contribuye a solidificar la relación  entre ellos y colma las exigencias de satisfacción libidinal. Esta exigencia de satisfacción libidinal sin límite puede alojarse, igualmente, en el líder y pueden conducir situaciones algo inquietantes.

Estos dos tipos de identificación, descritas por Freud en su artículo sobre la psicología de las masas, van a servir de materia prima para la conformación del llamado lazo social, al que se podrá acceder, tanto por la vía individual como colectiva. Así, asistimos al planteamiento de una analogía, formulada en El malestar en la cultura, entre el funcionamiento del aparato psíquico individual y el funcionamiento psíquico de una colectividad. El concepto de discurso de Lacan vendrá a permitir sobrepasar esta improbable analogía [4]; sin embargo, en 1947, año en que se escribe La psiquiatría Inglesa y la guerra, no han sido formuladas las categorías conceptuales de discurso ni de significante; por esta razón, Lacan debe acudir a la misma noción de “analogía” empleada por Freud. Es lo que le permite identificar en el grupo, afectado de disolución, los mismos modos de defensa que, a nivel individual, utiliza el neurótico, sostiene Marie-Hélène Brousse. [5]

Recientemente, Éric Laurent planteaba en un número de Lacan Quotidien , a propósito de la pandemia actual que azota al mundo, dos posiciones diferentes en lo que se refiere a la conducta a seguir frente a la guerra declarada frente al virus Covid-19: lo sostenido inicialmente por el Reino unido y lo que propugna Francia. [6] De igual manera, Lacan planteaba como eje principal de su escrito sobre la psiquiatría inglesa la oposición de dos discursos de nacionalidad diferente frente a la segunda guerra mundial: uno de Inglaterra y el otro de Francia.

El trabajo colectivo, La pschanalyse á lépreuve de la guerre, realizado bajo la dirección de Marie-Hélène Brousse da cuenta de esta oposición, llegando a resaltar, desde diversos ángulos,  la destacada aplicación del psicoanálisis a las prácticas psiquiátricas. Así  se van perfilando, desde la primera página del escrito que comentamos, los significantes claves de parte de cada uno de esos dos discursos señalados por Lacan: del lado francés, destaca, en primer lugar, el término “modo de irrealidad” opuesto al “rapport verídico a lo real”, por parte del discurso inglés. [7] Tal como se evidencia, las dos expresiones apuntan al lazo existente entre la guerra y lo real, tratado de manera distinta por cada uno de los discursos aludidos. La expresión “modo de irrealidad”, que distinguía la manera cómo los franceses habían asumido la guerra se sostiene en lo que Lacan llama “un encantamiento deletéreo”, mientras que del lado del discurso inglés, lo que priva es un resorte moral, inseparable de un “realismo”. La expresión “rapport verídico a lo real” presenta la articulación entre tres palabras esenciales: rapport, verdad y real. La expresión presenta la relación, el rapport, entre la verdad y lo real. La relación entre el sentido de la verdad subjetiva y el real ineluctable, impredecible, presente en toda situación de crisis, como lo es una guerra, la que en no pocas ocasiones se presenta en una sociedad, en una cultura o religión, en una o varias naciones, como la respuesta inevitable frente a la crisis.

Lacan realiza un análisis de discurso del artículo inglés en cuestión, donde individualiza los significantes-amos que han regido las posiciones francesas e inglesas frente a la guerra.  Sabemos que todo discurso promueve un modo de goce, en donde se han inscrito tanto las ordenes superyoicas, como las exigencias del Ideal del yo. Así, desde el inicio del escrito, identifica, en el discurso francés frente a la guerra, que viene de terminar, las “ideologías”, calificadas de foráneas, fantasmagorías de grandeza, expresiones de senilidad, delirio agónico y fabulación. En el discurso inglés estarían presentes “el desconocimiento sistemático del mundo” que viene a expresar un modo de defensa contra la angustia, mecanismo inconsciente que, a futuro, vendrá a equivaler al “yo no quiero saber nada”, frase con la que en el Seminario XX, “Aún”, Lacan  utilizará para definir al síntoma inconsciente descrito por Freud.

Puede apreciarse, plantea M-H Brousse, cómo las dos producciones discursivas, tanto la narcisista francesa como la sintomática inglesa, convergen en una suerte de rechazo de lo real, dando prueba tanto la una como la otra de un tratamiento  eficaz contra la angustia. [8]

Al final del texto La psiquiatría inglesa y la guerra,  Lacan aspira extraer una enseñanza de los discursos sostenidos frente a la guerra de estos dos países, atreviéndose a predecir sobre el futuro de estas posiciones asumidas. Opone así lo que denomina como “un manejo concertado de las imágenes y las pasiones”, probado con éxito por los ingleses durante la II Guerra Mundial. Este manejo concertado viene a situarse frente al “juicio, la resolución y la unidad moral” que marcó el discurso francés. Lacan sostiene que de mantenerse esa posición  francesa traerá como correlato “nuevos abusos de poder.” [9]

Se aprecia en ciernes, en este escrito, la intención lacaniana de introducir en la concepción de la guerra lo que se formulará como la ética del psicoanálisis, la ética del deseo, extraída de la lectura del filosofo judío, excomulgado de la Sinagoga, Baruj Spinoza, ética que será elaborada a lo largo del Seminario VII, titulado, precisamente, “La ética del psicoanálisis”.

En el llamado “manejo concertado de las imágenes y las pasiones”, se puede identificar una posición ética, contrapuesta a la fascinación francesa que, en no pocas ocasiones, es ejercida sobre el yo por la identificación imaginaria y por  el mandato superyoico, el que casi 30 años después Lacan va a identificar como imperativo de goce.

En el articulo “El discurso y lo real de la guerra”, publicado en el  libro “La psychanalyse à l´epreuve de la guerre”, Éric Laurent sostiene que en tiempo de guerra emerge un conflicto entre el yo y el ideal del yo, tal como sucede en la melancolía descrita por Freud, cuando el yo pasa a identificarse al objeto perdido. La diferencia reside en que en la guerra el objeto del soldado es un objeto simbólico, identificado con  el ideal guerrero. [10] En la guerra, el enemigo no sólo se encuentra en el exterior, sino también al interior mismo del soldado, en el Otro Ideal que lo empuja al sacrificio heroico, al deber cumplir en nombre de la patria. Lo que se plantea es la confrontación del sujeto en guerra con su propia pulsión de muerte actuando muchas veces tras el Ideal del yo. Se evidencia, de esta forma, que ya en 1947 se encuentra en germen lo que será mantenido a lo largo de su enseñanza: la orientación ética de la experiencia psicoanalítica.

Marie-Hélène Brousse sostiene que Lacan, en el Seminario XXI, “Los no incautos yerran”, va a retomar la ética del psicoanálisis desde la perspectiva planteada, no a partir del padre como fue el caso del Seminario VII, “La ética del psicoanálisis”, sino ahora la va a formular desde la dimensión de un más allá del padre. Esta orientación deriva de que Lacan va a extraer las consecuencias que se desprenden de la declinación del padre, yendo más allá de un orden simbólico, asociado a una organización vertical del lazo social, centrado en el líder, figura propia del registro paterno.

Lacan va a plantear que tanto el padre como los no-incautos están condenados a extraviarse, a errar, en tanto y en cuanto han perdido la brújula de la ética a seguir en la civilización propia de la modernidad: la de ser incautos de lo real.

Sobre lo real, afirma JAM, en la lección del 20 de Noviembre de 1996 del Seminario El Otro que no existe y sus comités de ética, lo siguiente: “La lección que se puede extraer es, si me permiten , que resulta importante en el psicoanálisis mantener el rumbo hacia lo real”. [11] Lo real es lo que constituye para cada quien, en su singularidad, su modo de gozar; sin dejar de tener presente, por otra parte, que existe un goce regulado, normativizado a causa del discurso, vale decir del lazo social, en el que el sujeto está inscrito. En todo discurso existe un lugar asignado al goce, más que del sujeto, del parlêtre.

La experiencia psicoanalítica de orientación lacaniana posibilita la realización del desplazamiento del trayecto que va desde una ética sustentada en el deseo, en la metáfora paterna, a una ética guiada por lo que queda por fuera de toda metaforización, una ética que apunta a un más allá del padre: la ética orientada por lo real. Lo real en juego en psicoanálisis es lo real del goce, ser incauto del goce ―être dupe du reel― implica orientarse por esa brújula. Es lo que vislumbra Lacan en la expresión “rapport verídico a lo real”, como respuesta de los ingleses en la guerra contra los nazis. El registro de lo real frente al discurso francés de  no querer saber, llegando  hasta el colaboracionismo con el delirio paranoico de los nazis. En este tipo de discurso, se inscribe el problema de la obediencia militar, ampliamente abordada en el juicio de Nuremberg, fundamento del funcionamiento de un ejército, también de la integración al lazo social que viene a presentar la incorporación del individuo a la masa. En el fondo, con la obediencia militar debida, operativa en la guerra, de lo que se trata es de una obediencia al padre. En oposición a la obediencia debida, se sitúa el principo llamado de “objeción de conciencia” o de desobediencia, siguiendo el criterio de la propia conciencia, principio que fue mantenido en Gran Bretaña, mientras que la objeción de conciencia era suprimida en Francia en tiempos de guerra, tal como recuerda Lacan al final de su escrito.

Al respecto podemos citar a Guy Briole, cuando  afirma, en su artículo “Desobediencia”, que el psicoanálisis pone de manifiesto una elección: rechazo o sumisión, estableciéndose
un cierto “rapport” entre esta elección y lo que el autor llama “una ética de la desobediencia”.

En el texto La psiquiatría inglesa y la guerra, Lacan presenta el proceso de integración del individuo a la masa, del soldado descarriado a la masa del ejército; vale decir, el lazo social, tal como fue conducido por Rickmann y Bion. Existe una diferencia importante en cuanto a la lógica subyacente en la constitución del lazo social entre Freud y Lacan. Éric Laurent [12] sostiene que, mientras el fundamento del lazo social para Freud reside en el líder, para Lacan se funda en un primer rechazo primordial, tal como es presentado en el escrito  de Lacan  El tiempo lógico y el aserto de certeza anticipada de 1946.

La lógica que plantea Lacan, para la conformación de la masa o del grupo humano, no es la misma de Psicología de las masas y análisis del yo; para Freud si bien el odio y el rechazo fascista pueden favorecer el lazo, no dejan de permanecer conectados al líder. Lacan descarta la identificación como generadora de lazo social para situarla más bien en el rechazo, una cierta forma de racismo, sostiene Laurent. En el fondo, de lo que se trata es de una cuestión de goce, del rechazo a quien no goza del mismo modo que yo.

Este aspecto juega un papel fundamental en la problemática de la guerra. Los que estamos en este bando, estamos convocados a formar una homogeneidad de masa o de grupo, en tanto rechazamos a los que están en el bando de enfrente, a los que no son como nosotros, a los que piensan y gozan distinto y por eso los rechazamos, por eso vamos contra ellos.

La idea de Lacan sobre el lazo, la “asimilación humana” como la llama en el escrito El tiempo lógico y el aserto de certeza anticipada,  no parte del líder como ideal del yo, de una imagen positiva, sino todo lo contrario, se apoya  en lo negativo de un no saber sobre lo que se es como sujeto, -falta-en-ser producida por el lenguaje, para luego poder acceder a lo que soy o creo ser, en tanto y en cuanto rechazo al Otro, al goce del Otro, al que considero un paria, un traidor, en una palabra, mi enemigo.
   
Es esto, precisamente, lo que conforma la matriz de la identificación segregativa, fundamento de la xenofobia y el racismo en los tiempos que corren, tal como profetizara Lacan en Televisión.

Es por esta razón que una Escuela psicoanalítica de orientación lacaniana está llamada a funcionar siguiendo el principio de una identificación no-segregativa.



Notas
1. Lacan, Jacques. La psychiatrie anglaise et la guerre. Autres écrits, París, Seuil, 2001, p.108.
2. Íbid.
3. Laurent, Éric. Racisme 2.0, Lacan Quotidien.
4. Brousse, M-H. Des ideaux aux objets: le noeud de la guerre. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre. Ed. Berg International, 2015, p.147.
5. Íbid.
6. Laurent, Éric. L´Autre que n´existe pas et ses comités scientifiques, Lacan Quotidien # 371.
7. Lacan, Jacques. La psychiatrie anglaise et la guerre, op.cit., p.101.
8. Brousse, M-H. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre, op.cit., p.148.
9. Lacan, Jacques., op.cit., p.120.
10. Laurent, Éric. Le discours et le reel de la guerre. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre, op.cit., p.246.
11. Miller, Jacques-Alain. El Otro que no existe y sus comités de ética. Paidós, Buenos Aires, 2005, p.13.
12. Laurent, Éric. Racisme 2.0. Lacan Quotidien.


Tiqué y discurso en la política venezolana

 
En La Física, Aristóteles utiliza dos términos en la elaboración que hace sobre la función de la causalidad: el automaton y la tiqué.
Estos dos términos han sido traducidos por fortuna y azar respectivamente. La fortuna le sonríe a quien insiste una y otra vez, tratando de obtener un beneficio o una ganancia. “Quien insiste vence” es un comentario utilizado para referirse a que la fortuna termina por favorecer a quien la busca una y otra vez. Solo puede ganar la lotería quien consuetudinariamente juega a ella, alude al surgimiento de un acontecimiento previsible en un momento dado. A este tipo de suceso corresponde el término automaton.
No es el caso de la tiqué, del azar, referido a un acontecimiento particular, se trata del acontecimiento imprevisto.  Alguien que nunca juega a la lotería un día corre el riesgo y resulta ganador. Un evento resultante del más completo azar.
En la política venezolana contemporánea puede apreciarse tanto el ejercicio de la fortuna como del azar. Rafael Caldera fue candidato a la presidencia de la república en varias ocasiones, la fortuna le sonrió en dos oportunidades, sin duda su olfato político le prestó una ayuda considerable a la fortuna política que tuvo.
En el otro extremo podemos ubicar a Juan Guaidó, actual Presidente Encargado de la Presidencia de la República de Venezuela.  Su designación para tan alta investidura puede ser perfectamente referida a la dimensión de la tiqué, del azar, del acontecimiento imprevisto.  Una serie de sucesos condujeron a que Guaidó terminara por ser elegido al azar.  En el orden sucesoral de su partido político, por lo demás bastante vapuleado por el régimen de Maduro, ocupaba un lugar de retaguardia; otros líderes estaban por delante suyo a la hora de ser convocados por la historia para ocupar tan alta distinción.
Una situación tras otra fueron marcando el camino trazado por el azar:  cuarto lugar en la permutación que le correspondiera a su partido para encargarse de la Presidencia de la Asamblea Nacional; prisión de Leopoldo López, cabeza del partido Voluntad Popular; exilio de Carlos Veccio , segundo de a bordo de su partido; asilo de Fredy Guevara, tercero en liza, en la Embajada Chile y exclusión de Luis Florido (cuarto en la sucesión) del partido.  A esta serie de descartes sucesivos habría que agregar la resistencia de algunos partidos políticos integrantes de la coalición de partidos de oposición para aceptar que Guaidó fuera designado Presidente de la Asamblea Nacional.  Al final terminó por imponerse el respeto al acuerdo contraído y así quedó inscrito el acontecimiento imprevisto de la tiqué que ungió a Juan Guaidó.
En un tiempo record este joven de 35 años se gana el favor de un país entero (84 % de los electores, según Hercon Consultores) con un discurso que preconiza la inclusión en lugar de la confrontación, de la polarización, que marco repetidamente la manera de hacer política frente al chavismo-madurismo. Se entró así en un proceso caracterizado por mantener el mismo discurso de exclusión sostenido por el amo del gobierno. Especularidad de discurso que no permitía encontrar una salida posible.
En el caso de Guaidó una tiqué, un discurso inclusivo y además un pueblo que esperaba con anhelo el surgimiento de un líder generan ahora un marco que presagia un cambio de rumbo político, económico y social para Venezuela.

Posverdad y discurso del amo


Según el Diccionario de la Lengua Española la posverdad es “una distorsión deliberada de la realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

Se trata de una expresión que le viene a la medida al tratamiento cotidiano que le otorga el  régimen de Nicolás Maduro a la terrible  realidad por la que está atravesando nuestro país.  En una entrevista que le realizara  el diario El Nacional de Caracas, el distinguido antropólogo venezolano Rafael Sánchez  cita la lógica de Humpty Dumpty en “Alicia a través del espejo” para referirse al proverbial uso que le concede la actual dictadura venezolana a la posverdad: “una palabra significa solo aquello que yo elijo que signifique”. Son incontables las expresiones con las que, en el régimen chavista, continuado por el madurista, se ha entronizado el uso de la posverdad: lo que sucede en Venezuela se reduce a lo que los detentadores del poder han decidido que suceda en el país. Una afirmación distinta sostiene, con absoluto desparpajo, provendría de factores desestabilizadores o de la derecha recalcitrante, obedecería a intenciones interesadas del imperio yanqui o simplemente serían exageraciones  de la oposición.

En Venezuela, según la opinión de los dueños del poder no está planteada ninguna ayuda humanitaria porque no es verdad que exista carencia de alimentos, medicinas e insumos médicos. Lo que existe es una “Guerra económica” contra Venezuela porque hay un Otro que solo quiere usufructuar nuestro petróleo. Ese Otro malvado y codicioso, Otro de goce, no puede soportar ni admitir los pretendidos logros de la revolución. Para el gobierno no es verdad que hay una crisis eléctrica, lo que hay son sabotajes y al que  diga lo contrario se le encarcela y punto. No se puede pensar ni decir nada diferente a lo  que el amo del poder ha decidido que es verdad. Tampoco es verdad que hay una crisis humanitaria por falta de alimentos y medicamentos, ni que el pueblo viene muriéndose a consecuencia de esas carencias. La posverdad madurista, asiento de una  paranoia extendida, conlleva la idea de que el Otro de la derecha internacional lo que persigue, al ofrecer su ayuda humanitaria, es atentar contra la soberanía del país e invadirlo utilizando esa vía. 

El objetivo al que aspira la posverdad, no es otro que deliberadamente manipular al pueblo, con la intención evidente de  obtener dividendos  políticos y perpetuarse en el poder.  Lo más resaltante de todo este manejo es la conexión del uso de la posverdad con la  sugestión,  igual a lo que  sucede en el procedimiento hipnótico, el gobierno logra su cometido: mucha gente termina por creerles. Difícil de admitir que este régimen todavía tenga una aceptación por encima del 20% de la población. La posverdad, así como la criptomoneda  el “petro”, una de las invenciones más recientes para tratar de conseguir lo que también falta en el país, divisas, constituye igualmente un engaño, un fraude. En este mismo registro se inscriben las elecciones presidenciales adelantadas. A decir de una alta representante del chavismo tal adelanto obedece a la necesidad de que con su realización comenzará a resolverse la crisis del país. Esa es una verdad absoluta para el régimen de Maduro y sus seguidores.

La posverdad efectivamente es un hecho de discurso y tal como demostró exhaustivamente  Jacques Lacan la palabra tiene poderes sobre la realidad, sobre el sujeto, sobre la sociedad,  sobre un país. La significación que se genera en un discurso depende, en última instancia, del Otro. La posverdad conlleva la exclusión del Otro, se soporta solamente en el S1 sin  tomar en cuenta al S2, solo cuenta lo que el amo elige que es la significación y nada más y para ello, cual “ Humpty Dumpty” decreta lo que es la verdad oficial para todo un país. La hegemonía comunicacional que ejerce a voluntad el régimen de Maduro se basa precisamente en esta manipulación de la verdad, que incluye un atentado flagrante a la libertad de expresión, al respeto por el Otro, en suma  a la dignidad humana. Probablemente haya sido Joseph Goebbels, el tristemente célebre ministro de propaganda del régimen nazi, uno de los primeros en ejercer con evidentes fines políticos la distorsión deliberada, propia de  la posverdad,  cuando afirmó: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.  La llamada “Revolución Bolivariana” ha devenido la más fiel seguidora de tal aserción. Una sólida identificación se ha instalado. Hay que ver ¡cómo han mentido y con cuanta repetición! No cabe ninguna duda de que el uso de  la posverdad por este  régimen  encuentra sus títulos de origen en el nacional-socialismo alemán. Es en ella donde hunde  sus raíces fundamentales el llamado populismo, plataforma matriz del funcionamiento del chavismo y del madurismo, práctica sostenida que ha carcomido los cimientos de la institucionalidad democrática  en Venezuela.

Migración y represión. Políticas de Estado

 
El excelente artículo de Roberto Casanova “Salida y voz en la Cuba comunista”, publicado recientemente en Prodavinci, deja al descubierto la política de migración seguida por Fidel Castro a lo largo de la Revolución Cubana para tratar de aliviar el malestar social existente en el seno de la población.

Con una periodicidad de 15 años, Castro permitía una salida masiva de cubanos descontentos y anhelantes de exilio. La intención fundamental: acallar la voz de la protesta de la disidencia, de por si sometida a la sordina en razón de la obscena y feroz represión.

Peinando la historia de las migraciones cubanas permitidas por el régimen, utilizando las tesis de Albert Hirschman, expuestas en “Salidas, voz y lealtad” (1977) y “Tendencias autosubversivas”, (1996), publicaciones ambas de la editorial Mexicana” Fondo de Cultura Económica”,  Roberto Casanova analiza treinta y cinco años del gobierno revolucionario de Castro en lo referente al uso de la migración como instrumento para bajarle ebullición  a la caldera de la protesta social y política existentes en la Cuba socialista.

Castro logró, qué duda cabe, imponer en  la isla su proyecto comunista con las banderas de la igualdad y el bienestar para su pueblo, para terminar oprimiéndolo, sojuzgando y empobreciéndolo.

El parangón que se puede establecer con la Venezuela chavista-madurista de hoy es más que evidente. Sin duda se trata de seguir al calco el manejo de la presión generada por el malestar social, la crisis humanitaria y la disidencia mayoritaria por medio del empuje que se hace a la población para que se aventure a tomar la ruta del exilio. No tomar ninguna medida antiinflacionaria, no implementar ninguna solución a la crisis de la salud, de la alimentación, de la inseguridad, del transporte, de la economía, equivale a conducir inexorablemente a millones de compatriotas venezolanos a tomar la opción de salir del país, de emigrar. Con la inmensa carga de dificultades de todo tipo que esto acarrea, sobre todo la segregación y la xenofobia de los nacionales del país que han elegido para asentarse, tal como ha comenzado a ocurrir en países bolivarianos, cuyos habitantes fueron recibidos con las puertas abiertas en nuestro país, en épocas no tan lejanas.

En el marco de la tesis de Hirschman la alternativa a la salida es la voz. Es una verdad inocultable que los  venezolanos que han decidido quedarse, deben asumir una política de silencio, no se puede disentir en voz alta o participar en protesta alguna, so pena de castigo inmediato. Es el efecto que ha logrado la represión continua y la brutal respuesta gubernamental que dejó solo el año pasado al menos 160 cadáveres de jóvenes venezolanos inmolados en las calles de las ciudades de nuestro país.

El núcleo principal de la política del régimen parece asentarse en este momento en estos dos elementos: la salida de venezolanos al exilio como instrumento para bajar la presión del malestar interno y la represión para acallar cualquier voz disidente y opositora que pueda hacerse contagiante y producir algún fenómeno de masas.

Por supuesto no puede faltar como fondo de esta política la consuetudinaria posición paranoica de que el malo es el Otro imperial, con su “guerra económica” y  contra el pueblo. El régimen es incapaz de asumir, al menos públicamente alguna pizca de responsabilidad en el caos en el que está convertida la Venezuela de hoy.

Migraciones

 

Una pregunta que surge al presenciar el éxodo, sobre todo de jóvenes, que estremece  actualmente a Venezuela, apunta a las razones que subyacen en esta suerte de estampida  social.  

¿Qué se busca en la migración? ¿Se trata de optar por la vida frente a la certeza de una muerte segura, sea corporal o subjetiva? ¿Decidir por una vida distinta, sobre todo para la descendencia? ¿Huir de un futuro que se avizora lleno de angustia y dificultades? ¿Conseguir una mejor remuneración por el oficio que se sabe hacer?

En cualquiera de estas razones está presente, por un lado, la esperanza o la expectativa de  tener una  ganancia y, por el otro, una pérdida. Se aspira ganar, mejorar, pero a costa de  dejar, de perder algo. Las personas que emigran dejan una parte de su ser, de su  identidad, de su círculo familiar y de amigos, su patria y hasta su propia historia. El exilio no es otra cosa que dejar todo esto. Se sabe lo que se pierde pero lo que se puede lograr permanece en el registro de lo incierto.

Aparentemente, en la migración se busca otra cosa, otra vida, otro futuro, otro horizonte;  se busca al Otro, pero esta búsqueda siempre resultará un encuentro fallido. En el fondo,  en el exilio, se buscará eso de Uno que se ha perdido. La búsqueda por tanto no será tanto    del Otro sino del Uno.

A la búsqueda del Otro, que encubre la del Uno, se suma para el migrante el rechazo que  indefectiblemente va a encontrar en el país al que arriba. Se instala progresivamente  en  buena parte de los ciudadanos de cualquier país que recibe exiliados, la consabida  expresión de la xenofobia, de hostilidad y odio al extranjero. La xenofobia presenta una similitud estructural con el síntoma: un cuerpo extraño,  extranjero, que es rechazado  por quien lo alberga. La xenofobia es, componente nuclear  del racismo y la segregación, que en muchas ocasiones llegan a expresarse bajo la forma  de un odio visceral, una de las pasiones del ser que puede llegar a hacerse colectiva. 

Lacan nos devela claramente el origen del racismo y la segregación: lo insoportable del  goce del Otro. Frente al migrante se genera el rechazo a lo que pueda disfrutar, gozar. El ciudadano natural de un país rechaza el goce del Otro porque está convencido de que el  Otro, el migrante, viene a robarle, a sustraerle buena parte de su propio disfrute.  El goce del Otro del exilio es vivido como lo que viene a poner en jaque el modo de vida,  los servicios públicos, el bienestar, en una palabra: su propio goce. En última instancia, cuando se rechaza al extranjero migrante, se está rechazando al extranjero que habita en nosotros mismos. Son dos las formas esenciales de presentación de lo extranjero, lo extraño, en un sujeto: el inconsciente y el goce pulsional, respectivas dimensiones del Otro y del Uno. De la forma como cada quien, a título personal, tramite esas dos instancias, va a depender la acogida que cada sujeto pueda brindar al migrante, al extranjero que llega. Mención especial para aquellos que se vivencian como exiliados, como extranjeros, en su propio país.