Sobre el escrito de Lacan “La psiquiatría inglesa y la
guerra”, que figura en “Autres Ecrits”, versará el seminario de docentes del INES que dictará, en noviembre 2020, en Bogotá,
la psicoanalista francesa Dominique Laurent. Es nuestro interés aproximarnos a
lo que plantea Jacques Lacan en este texto.
Se trata de una conferencia pronunciada en “L´Evolution
psiquiatrique”, en 1947, en la que se aborda la segunda Guerra Mundial, a
partir de los efectos subjetivos causados en Lacan por un viaje realizado a
Inglaterra durante tres semanas, en septiembre de 1945.
El artículo despliega un análisis detallado de la teoría
y la práctica puesta al servicio del ejército durante la guerra, por parte de un
psiquiatra y un psicoanalista inglés, Rickmann y Bion. Ellos escribieron, en la
prestigiosa revista inglesa The Lancet,
el artículo que, según Lacan, iba a dejar huella en la historia de la
psiquiatría: “Intra-Group Tensions in Therapy. Their Study as the Task of the
groupe”; es decir, “Las tensiones interiores al grupo en la terapia. Estudio
propuesto como tarea del grupo”.
En ese trabajo de investigación, los autores dan cuenta
de una actividad llevada a cabo en un hospital militar donde la ocasión, al
mismo tiempo que los principios, adquiere valor de demostración de método.
Lacan afirma que en este estudio se puede apreciar “el milagro de los primeros
pasos freudianos”, al encontrar en el “impasse” mismo de una situación “la
fuerza viva de la intervención.” [1]
Los grupos están conformados por soldados con serias
dificultades para someterse a la disciplina militar y que mantienen una actitud
cerrada a los beneficios que pudieran obtener de la terapia, a causa de la
misma razón que los ha llevado allí. Lacan califica a estos soldados como
“irreductibles”, agrupados en una llamada “compañía de disciplina” y se pregunta cómo hacer de ella un grupo que
funcione. [2] Dos elementos pueden contribuir a la respuesta posible: la
presencia de un enemigo que favorezca la soldadura del grupo frente a una
amenaza exterior común; y la existencia de un líder que pueda ejercer su
autoridad sobre el grupo y que pueda transmitir al conjunto que él es capaz de
asumir su responsabilidad sin jamás recular ante el compromiso contraído.
Es interesante constatar el trasfondo de lo que Lacan
está planteando: los planteamientos formulados por Freud en el capítulo VII de
“Psicología de las masas y análisis del yo”. Dos tipos de identificación aquí
se delinean: la horizontal, realizada a nivel imaginario entre los integrantes
de una masa o grupo; y la vertical, o simbólica, soportada en el líder o
conductor del grupo. Estas identificaciones constituyen la matriz de las
respuestas aportadas por Lacan sobre el pasaje posible desde la “compañía de
disciplina” a grupo funcional.
Como es sabido, en 1921, después de haber formulado su
segunda tópica que organiza la realidad psíquica, Freud retoma la cuestión del
destino libidinal en la masa, a partir de los procesos identificatorios que
rigen la vida psíquica. [3]
La relación de los integrantes del grupo con el líder
contribuye a solidificar la relación
entre ellos y colma las exigencias de satisfacción libidinal. Esta
exigencia de satisfacción libidinal sin límite puede alojarse, igualmente, en
el líder y pueden conducir situaciones algo inquietantes.
Estos dos tipos de identificación, descritas por Freud en
su artículo sobre la psicología de las masas, van a servir de materia prima
para la conformación del llamado lazo social, al que se podrá acceder, tanto
por la vía individual como colectiva. Así, asistimos al planteamiento de una
analogía, formulada en El malestar en la
cultura, entre el funcionamiento del aparato psíquico individual y el
funcionamiento psíquico de una colectividad. El concepto de discurso de Lacan
vendrá a permitir sobrepasar esta improbable analogía [4]; sin embargo, en
1947, año en que se escribe La
psiquiatría Inglesa y la guerra, no han sido formuladas las categorías
conceptuales de discurso ni de significante; por esta razón, Lacan debe acudir
a la misma noción de “analogía” empleada por Freud. Es lo que le permite
identificar en el grupo, afectado de disolución, los mismos modos de defensa
que, a nivel individual, utiliza el neurótico, sostiene Marie-Hélène Brousse.
[5]
Recientemente, Éric Laurent planteaba en un número de
Lacan Quotidien , a propósito de la pandemia actual que azota al mundo, dos
posiciones diferentes en lo que se refiere a la conducta a seguir frente a la
guerra declarada frente al virus Covid-19: lo sostenido inicialmente por el
Reino unido y lo que propugna Francia. [6] De igual manera, Lacan planteaba como
eje principal de su escrito sobre la psiquiatría inglesa la oposición de dos
discursos de nacionalidad diferente frente a la segunda guerra mundial: uno de Inglaterra
y el otro de Francia.
El trabajo colectivo, La
pschanalyse á lépreuve de la guerre, realizado
bajo la dirección de Marie-Hélène Brousse da cuenta de esta oposición, llegando
a resaltar, desde diversos ángulos, la destacada
aplicación del psicoanálisis a las prácticas psiquiátricas. Así se van perfilando, desde la primera página del
escrito que comentamos, los significantes claves de parte de cada uno de esos
dos discursos señalados por Lacan: del lado francés, destaca, en primer lugar,
el término “modo de irrealidad” opuesto al “rapport verídico a lo real”, por parte
del discurso inglés. [7] Tal como se evidencia, las dos expresiones apuntan al
lazo existente entre la guerra y lo real, tratado de manera distinta por cada
uno de los discursos aludidos. La expresión “modo de irrealidad”, que
distinguía la manera cómo los franceses habían asumido la guerra se sostiene en
lo que Lacan llama “un encantamiento deletéreo”, mientras que del lado del
discurso inglés, lo que priva es un resorte moral, inseparable de un
“realismo”. La expresión “rapport verídico a lo real” presenta la articulación
entre tres palabras esenciales: rapport, verdad y real. La expresión presenta
la relación, el rapport, entre la verdad y lo real. La relación entre el
sentido de la verdad subjetiva y el real ineluctable, impredecible, presente en
toda situación de crisis, como lo es una guerra, la que en no pocas ocasiones
se presenta en una sociedad, en una cultura o religión, en una o varias
naciones, como la respuesta inevitable frente a la crisis.
Lacan realiza un análisis de discurso del artículo inglés
en cuestión, donde individualiza los significantes-amos que han regido las
posiciones francesas e inglesas frente a la guerra. Sabemos que todo discurso promueve un modo de
goce, en donde se han inscrito tanto las ordenes superyoicas, como las exigencias
del Ideal del yo. Así, desde el inicio del escrito, identifica, en el discurso
francés frente a la guerra, que viene de terminar, las “ideologías”,
calificadas de foráneas, fantasmagorías de grandeza, expresiones de senilidad,
delirio agónico y fabulación. En el discurso inglés estarían presentes “el
desconocimiento sistemático del mundo” que viene a expresar un modo de defensa
contra la angustia, mecanismo inconsciente que, a futuro, vendrá a equivaler al
“yo no quiero saber nada”, frase con la que en el Seminario XX, “Aún”, Lacan utilizará para definir al síntoma inconsciente
descrito por Freud.
Puede apreciarse, plantea M-H Brousse, cómo las dos
producciones discursivas, tanto la narcisista francesa como la sintomática
inglesa, convergen en una suerte de rechazo de lo real, dando prueba tanto la
una como la otra de un tratamiento
eficaz contra la angustia. [8]
Al final del texto La
psiquiatría inglesa y la guerra, Lacan aspira extraer una enseñanza de los
discursos sostenidos frente a la guerra de estos dos países, atreviéndose a
predecir sobre el futuro de estas posiciones asumidas. Opone así lo que denomina
como “un manejo concertado de las imágenes y las pasiones”, probado con éxito
por los ingleses durante la II Guerra Mundial. Este manejo concertado viene a
situarse frente al “juicio, la resolución y la unidad moral” que marcó el
discurso francés. Lacan sostiene que de mantenerse esa posición francesa traerá como correlato “nuevos abusos
de poder.” [9]
Se aprecia en ciernes, en este escrito, la intención
lacaniana de introducir en la concepción de la guerra lo que se formulará como
la ética del psicoanálisis, la ética del deseo, extraída de la lectura del
filosofo judío, excomulgado de la Sinagoga, Baruj Spinoza, ética que será
elaborada a lo largo del Seminario VII, titulado, precisamente, “La ética del
psicoanálisis”.
En el llamado “manejo concertado de las imágenes y las pasiones”,
se puede identificar una posición ética, contrapuesta a la fascinación francesa
que, en no pocas ocasiones, es ejercida sobre el yo por la identificación
imaginaria y por el mandato superyoico,
el que casi 30 años después Lacan va a identificar como imperativo de goce.
En el articulo “El discurso y lo real de la guerra”,
publicado en el libro “La psychanalyse à
l´epreuve de la guerre”, Éric Laurent sostiene que en tiempo de guerra emerge
un conflicto entre el yo y el ideal del yo, tal como sucede en la melancolía
descrita por Freud, cuando el yo pasa a identificarse al objeto perdido. La
diferencia reside en que en la guerra el objeto del soldado es un objeto
simbólico, identificado con el ideal
guerrero. [10] En la guerra, el enemigo no sólo se encuentra en el exterior,
sino también al interior mismo del soldado, en el Otro Ideal que lo empuja al sacrificio
heroico, al deber cumplir en nombre de la patria. Lo que se plantea es la
confrontación del sujeto en guerra con su propia pulsión de muerte actuando
muchas veces tras el Ideal del yo. Se evidencia, de esta forma, que ya en 1947
se encuentra en germen lo que será mantenido a lo largo de su enseñanza: la
orientación ética de la experiencia psicoanalítica.
Marie-Hélène Brousse sostiene que Lacan, en el Seminario
XXI, “Los no incautos yerran”, va a retomar la ética del psicoanálisis desde la
perspectiva planteada, no a partir del padre como fue el caso del Seminario
VII, “La ética del psicoanálisis”, sino ahora la va a formular desde la
dimensión de un más allá del padre. Esta orientación deriva de que Lacan va a
extraer las consecuencias que se desprenden de la declinación del padre, yendo
más allá de un orden simbólico, asociado a una organización vertical del lazo
social, centrado en el líder, figura propia del registro paterno.
Lacan va a plantear que tanto el padre como los
no-incautos están condenados a extraviarse, a errar, en tanto y en cuanto han
perdido la brújula de la ética a seguir en la civilización propia de la
modernidad: la de ser incautos de lo real.
Sobre lo real, afirma JAM, en la lección del 20 de
Noviembre de 1996 del Seminario El Otro
que no existe y sus comités de ética,
lo siguiente: “La lección que se puede extraer es, si me permiten , que
resulta importante en el psicoanálisis mantener el rumbo hacia lo real”. [11] Lo
real es lo que constituye para cada quien, en su singularidad, su modo de
gozar; sin dejar de tener presente, por otra parte, que existe un goce
regulado, normativizado a causa del discurso, vale decir del lazo social, en el
que el sujeto está inscrito. En todo discurso existe un lugar asignado al goce,
más que del sujeto, del parlêtre.
La experiencia psicoanalítica de orientación lacaniana
posibilita la realización del desplazamiento del trayecto que va desde una
ética sustentada en el deseo, en la metáfora paterna, a una ética guiada por lo
que queda por fuera de toda metaforización, una ética que apunta a un más allá
del padre: la ética orientada por lo real. Lo real en juego en psicoanálisis es
lo real del goce, ser incauto del goce ―être dupe du reel― implica orientarse
por esa brújula. Es lo que vislumbra Lacan en la expresión “rapport verídico a
lo real”, como respuesta de los ingleses en la guerra contra los nazis. El
registro de lo real frente al discurso francés de no querer saber, llegando hasta el colaboracionismo con el delirio
paranoico de los nazis. En este tipo de discurso, se inscribe el problema de la
obediencia militar, ampliamente abordada en el juicio de Nuremberg, fundamento
del funcionamiento de un ejército, también de la integración al lazo social que
viene a presentar la incorporación del individuo a la masa. En el fondo, con la
obediencia militar debida, operativa en la guerra, de lo que se trata es de una
obediencia al padre. En oposición a la obediencia debida, se sitúa el principo
llamado de “objeción de conciencia” o de desobediencia, siguiendo el criterio
de la propia conciencia, principio que fue mantenido en Gran Bretaña, mientras
que la objeción de conciencia era suprimida en Francia en tiempos de guerra, tal
como recuerda Lacan al final de su escrito.
Al respecto podemos citar a Guy Briole, cuando afirma, en su artículo “Desobediencia”, que
el psicoanálisis pone de manifiesto una elección: rechazo o sumisión,
estableciéndose
un cierto “rapport” entre esta elección y lo que el autor
llama “una ética de la desobediencia”.
En el texto La
psiquiatría inglesa y la guerra, Lacan presenta el proceso de integración
del individuo a la masa, del soldado descarriado a la masa del ejército; vale
decir, el lazo social, tal como fue conducido por Rickmann y Bion. Existe una
diferencia importante en cuanto a la lógica subyacente en la constitución del
lazo social entre Freud y Lacan. Éric Laurent [12] sostiene que, mientras el
fundamento del lazo social para Freud reside en el líder, para Lacan se funda
en un primer rechazo primordial, tal como es presentado en el escrito de Lacan El
tiempo lógico y el aserto de certeza anticipada de 1946.
La lógica que plantea Lacan, para la conformación de la
masa o del grupo humano, no es la misma de Psicología
de las masas y análisis del yo; para Freud si bien el odio y el rechazo
fascista pueden favorecer el lazo, no dejan de permanecer conectados al líder.
Lacan descarta la identificación como generadora de lazo social para situarla
más bien en el rechazo, una cierta forma de racismo, sostiene Laurent. En el
fondo, de lo que se trata es de una cuestión de goce, del rechazo a quien no
goza del mismo modo que yo.
Este aspecto juega un papel fundamental en la
problemática de la guerra. Los que estamos en este bando, estamos convocados a
formar una homogeneidad de masa o de grupo, en tanto rechazamos a los que están
en el bando de enfrente, a los que no son como nosotros, a los que piensan y
gozan distinto y por eso los rechazamos, por eso vamos contra ellos.
La idea de Lacan sobre el lazo, la “asimilación humana”
como la llama en el escrito El tiempo
lógico y el aserto de certeza anticipada, no parte del líder como ideal del yo, de
una imagen positiva, sino todo lo contrario, se apoya en lo negativo de un no saber sobre lo que se
es como sujeto, -falta-en-ser producida por el lenguaje, para luego poder acceder
a lo que soy o creo ser, en tanto y en cuanto rechazo al Otro, al goce del Otro,
al que considero un paria, un traidor, en una palabra, mi enemigo.
Es esto, precisamente, lo que conforma la matriz de la
identificación segregativa, fundamento de la xenofobia y el racismo en los
tiempos que corren, tal como profetizara Lacan en Televisión.
Es por esta razón que una Escuela psicoanalítica de
orientación lacaniana está llamada a funcionar siguiendo el principio de una
identificación no-segregativa.
Notas
1.
Lacan, Jacques. La psychiatrie anglaise et la guerre. Autres écrits, París,
Seuil, 2001, p.108.
2. Íbid.
3. Laurent, Éric. Racisme 2.0, Lacan
Quotidien.
4. Brousse, M-H. Des ideaux
aux objets: le noeud de la guerre. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre.
Ed. Berg International, 2015, p.147.
5. Íbid.
6.
Laurent, Éric. L´Autre que n´existe pas et ses comités scientifiques, Lacan
Quotidien # 371.
7.
Lacan, Jacques. La psychiatrie anglaise et la guerre, op.cit., p.101.
8.
Brousse, M-H. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre, op.cit., p.148.
9. Lacan, Jacques., op.cit., p.120.
10. Laurent, Éric. Le
discours et le reel de la guerre. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre, op.cit.,
p.246.
11.
Miller, Jacques-Alain. El Otro que no existe y sus comités de ética. Paidós,
Buenos Aires, 2005, p.13.
12.
Laurent, Éric. Racisme 2.0. Lacan Quotidien.

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