martes, 25 de mayo de 2021

El cuerpo en la psicosis

 

 Para Lacan, la cuestión del cuerpo aparece íntimamente ligada a la libido. Se trata de un cuerpo libidinizado; es decir, cargado de lo que Lacan llamó goce. En un inicio, Lacan concibe al cuerpo en tanto adscrito al registro de lo imaginario. La imagen que se tiene del cuerpo propio va depender de la imagen del cuerpo de otro. 

Conocen o han oído mencionar el texto lacaniano “El Estadio del espejo como formador de la función del yo”, escrito en el año 1949 del siglo pasado, en donde se establece que es el otro, el cuerpo del otro,  sea como reflejo de la propia imagen contemplada en un espejo, sea como la imagen de otro niño, la que me va a permitir construir una imagen integral de mi propio cuerpo. La imagen del otro se presenta entonces proporcionándome el modelo de imagen de mi propio yo , de mi propio cuerpo.

El poeta francés Arthur Rimbaud, precede al estadio del espejo de Lacan cuando escribe en su libro “Una estación en el infierno” , en su primera frase : “yo es otro”. Y es que Lacan, como vamos viendo, el registro en el que se forma el yo, el yo instancia no el yo sujeto, es el registro de lo imaginario.

Se trata de una dimensión que tiene sus raíces en la elaboración freudiana sobre el narcisismo, que transita regularmente por el eje imaginario identificado por Lacan como a—a’ en el llamado grafo del deseo.

Podemos decir entonces que en el comienzo de su enseñaza Lacan coloca todo lo relativo al cuerpo y a la libido que lo inviste en la dimensión imaginaria.

Desde muy temprano Lacan prestó particular importancia a la cuestión de la causalidad en psicoanálisis y a tal efecto escribió “Acerca de la causalidad psíquica” ,en el marco de una diatriba conceptual planteada con su colega de post-grado Henry Ey. En este texto, asistimos a la repercusión que va a tener la formación y captura del yo por la imagen del otro en la clínica de la psicosis paranoica, tema central de su tesis de psiquiatría, la que llamó “De la psicosis paranoica y su rapport con la personalidad”. No está demás comentar que el término “personalidad”

Lacan lo va a utilizar en su enseñanza como sinónimo del yo.

Anteriormente se había interesado en la Paranoia y a tal efecto había publicado un primer texto llamado precisamente; “Estructuras de las psicosis paranoicas”. En su tesis, de 1932 ya Lacan subraya la captura identificatoria de la imagen del cuerpo del otro en el yo de un sujeto afectado de una psicosis paranoica. Se trata del caso de una mujer paranoica, que él llamo Aimée, que provoca lesiones en el cuerpo  de otra mujer, una actriz idealizada y al mismo tiempo rechazada.

Al herir con un cuchillo el cuerpo de otra mujer, su doble especular, lesiona también la imagen ideal que durante mucho tiempo le había fascinado, capturado. La idea delirante que la indujo a cometer el crimen se basó en la imputación delirante hecha a la actriz de querer quitarle su bien más querido: su propio hijo.

Se pone en evidencia, afirma Jacques-Alain Miller en el capítulo XV de su curso “Los signos del goce”, lo siguiente:

“El efecto de alienación del sujeto capturado por la imagen del otro, a tal punto que al golpear a ese otro el sujeto se golpea a si mismo.”

Y que es lo que es golpeado? El cuerpo, tanto del otro, como el propio, atrapados en una dialéctica imaginaria, en una equivalencia especular.

A tal efecto Lacan va a plantear que cuando se produce un desencadenamiento psicótico se produce lo que el llama “una regresión tópica al estadio del espejo”. Aparece en este momento en toda su nitidez clínica la angustia psicótica, de alto contenido paranoico: el psicótico tiene la convicción de que su cuerpo va a recibir castigo por parte de un otro, un otro perseguidor.

El caso del Presidente Schreber nos presenta al psicótico sufriendo en su cuerpo las agresiones infringidas por un Dios agresor, perseguidor.

Del mismo modo Freud en su texto de metapsicología, “El Inconsciente” (1915), capitulo VII, nos presenta unas viñetas clínicas, que le había enviado el psicoanalista vienés Víctor Tausk, su analisante, en donde queda registrado el atrapamiento del cuerpo en el registro dual imaginario, a propósito de una serie de reproches que una mujer le hace al hombre que ama, comentados por Tausk :

“Él es un hipócrita, un “torcedor de ojos”(un simulador), él le ha torcido los ojos, esos ya no son más sus ojos, ella ve al mundo ahora con otros ojos”. 

Se destaca que en este caso se establece una relación particular de este sujeto esquizofrénico con el órgano, vale decir con el cuerpo, inscrito totalmente en una relación especular con el otro. Sus ojos ya no son sus ojos, son los ojos del otro.

Pero si bien el registro imaginario tiene incidencias evidentes en el cuerpo, no lo hace menos el registro simbólico, el registro significante.

El cuerpo aparece marcado por el Otro del significante, el Otro con mayúscula. El concepto, vale decir el significante, es la muerte de la cosa, planteaba Lacan a partir de Hegel.

El significante simbólico introduce en el cuerpo la mortificación. El cuerpo ligado a la dimensión simbólica es un cuerpo mortificado. Para Lacan el mejor ejemplo del efecto del significante es la sepultura, el nombre del sujeto en la tumba pone de relieve la presencia del significante más allá de la muerte misma del sujeto.

Como es sabido, Freud puso de relieve el efecto causado por el significante sobre el cuerpo a propósito de la conversión histérica. Freud propone considerar en el texto “ Las neuropsicosis de defensa” a la conversión como “la suma de excitación (psíquica)” trasladada a lo corporal. Un síntoma histérico será la resultante de una representación reprimida que va a hacerse presente por vía de la manifestación en el cuerpo.

Lacan por su parte va a expresar la equivalencia presente entre la acción significante y el cuerpo, cuando plantea en el Seminario “Las formaciones del inconsciente” (lección del 23.04.1958) que el deseo, inconsciente, expresión por excelencia del Otro simbólico , es idéntico a la manifestación del cuerpo.

El cuerpo ligado al registro simbólico es un cuerpo subjetivizado, un cuerpo cargado de significación.

En “Radiofonia” Lacan plantea la equivalencia entre el Otro del significante y el cuerpo, se trataría de un continuum, el cuerpo es el lugar del Otro, la superficie de inscripción del Otro del significante. Lacan utiliza un término en latín para referirse al cuerpo tramitado por lo simbólico : el “corpse”, el cuerpo hecho cadáver por la acción significante.

A partir de la operación de lo simbólico del Otro sobre el cuerpo Lacan introduce la noción de resto en psicoanálisis. El objeto (a) designa lo que queda como resto, objeto que ha logrado escapar a la mortificación significante. Sería un resto equivalente a lo real, en tanto ha resistido a la acción de lo simbólico.

Gracias a la operación ejercida por el significante sobre el cuerpo, como correlato surge otro efecto: la producción del plus-de goce. Una de las paradojas de la elaboración lacaniana es que el significante por un lado mortifica al goce presente en el cuerpo y por el otro laso termina por generar un efecto de goce sobre el cuerpo.

A partir del seminario XX, “Aun”, va a hacer hincapié en el efecto de goce causado por el significante, la causa del goce del cuerpo recae en 

el significante. De este modo la mortificación del cuerpo que conlleva extracción de goce, va a encontrar una suerte de compensación en la

“vivificación” del cuerpo, producida por el objeto de goce, objeto (a) que viene a integrase en la estructura del fantasma.

Por su parte esta incidencia directa del significante en el goce del cuerpo es lo que Lacan va a llamar “sinthome”, la incidencia de lo simbólico en lo real del goce. El “sinthome” está referido al cuerpo de la “vivificación’, en tanto se goza a expensas del significante. JAM plantea que “el significante se refiere al cuerpo bajo la modalidad del “sinthome”.

Puede decirse que Freud inscribió la pulsión precisamente en el lugar de la relación del inconsciente con el cuerpo, en el lugar de la frontera entre lo psíquico y lo somático. Se aprecia que detrás de la pulsión freudiana se encuentra el “sinthome” lacaniano.

JAM en un pequeño texto llamado “Habeas corpus”, expresión en latín que se traduce como “Hay cuerpo” afirma que tanto el inconsciente como la pulsión son expresión de lo real y tienen un origen común: el efecto de la palabra en el cuerpo. Son los efectos somáticos de lalengua, la que determina que el significante genere efectos de goce sobre el cuerpo.

Se trata de un inconsciente inferido no a partir de la lógica del significante sino a partir del goce pulsional. Lacan llama a este nuevo inconsciente con el término de “parlêtre”.

El parlêtre está afectado de un goce perturbador que deja huella en el cuerpo, goce generado por el significante. A esta huella dejada en el cuerpo Lacan la llamo “acontecimiento del cuerpo”. A esto se refiere Lacan en el primer capítulo del Seminario XXIII, El sinthome:

“Las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”

En la última enseñanza de Lacan queda entonces establecida una triada articulada, que tendrá consecuencias en la clínica: cuerpo-sinthome-parlêtre. El parlêtre, a diferencia del sujeto, tiene un cuerpo, sobre el que resuena la palabra, produciendo goce.

Lacan se interesó, como hemos dicho, desde muy temprano en la psicosis, sin embargo la inclusión del cuerpo de manera tan singular en su enseñanza solo es introducida a partir de las formalizaciones que se inician a partir del seminario XX, Aun. Lo que no implica que no se hayan presentado antes nociones que permiten inferir aspectos relativos al cuerpo del psicótico.                                      

La concepción del cuerpo  fragmentado en Lacan, tomado de las

elaboraciones de Melanie Klein, da cuenta de lo que acontece en la psicosis, en particular en la esquizofrenia. En el caso de una crisis psicótica aparece en el sujeto la impresión de que su cuerpo está desorganizado, disyunto. Es un fenómeno que se puede apreciar en casos de esquizofrenia bajo diversas formas, una de las más conocidas en psiquiatría es el llamado Síndrome de Cottard, en el que el sujeto tiene la convicción de que los diversos órganos de su cuerpo están ausentes, no están. También se puede apreciar en la clínica de la psicosis la catatonia, en la que el cuerpo está imposibilitado de movimiento.

Del mismo modo se presentan situaciones clínicas en las que el enfermo estima que tiene una deformidad en su cuerpo, que amerita correcciones quirúrgicas de tipo estético, con frecuencia relativas a la nariz. Hay casos en los que el sujeto dice tener el cuerpo en una habitación y la cabeza en el cuarto de al lado.

Recuerden la escena del presidente Schreber contemplándose en el espejo teniendo un cuerpo de mujer. Son innumerables los relatos de situaciones parecidas en casos de psicosis.

Fenómenos todos que pueden ser incluidos en lo que Lacan llamaba una

“regresión tópica al estadio del espejo”. Por alguna razón en estos sujetos psicóticos no llegó a incorporarse, a introyectarse, la imagen unificada del cuerpo del sujeto, a partir de la imagen del otro. Las consecuencias de esta dificultad en cerrarse una gestalt de la imagen del cuerpo aparecerán por tanto en el momento del desencadenamiento de un cuadro clínico de psicosis y hasta puede que se presenten sin desencadenamiento psicótico como tal.

Todas estas manifestaciones están adscritas al registro de lo imaginario.

A nivel simbólico Lacan identificó el mecanismo psíquico propio de la psicosis : la forclusión. Así como se presentan dificultades a nivel de lo imaginario  , igualmente se aprecian en la psicosis efectos en el cuerpo derivados de la forclusión del significante del Nombre del Padre.

Como es sabido en el marco de la metáfora paterna Lacan presenta al Nombre del Padre actuando sobre el Deseo de la madre, produciendo en el sujeto el surgimiento de la significación fálica: phi.

Se pueden observar manifestaciones psicóticas que se ubican del lado de la forclusión paterna, Po, y trastornos psicóticos que derivan de la significación fálica ausente : phio. Comportan lo que Lacan llamo “los abismos Po y phIo” en <Una cuestión preliminar>

Tal como es descrito en el texto La psicosis ordinaria , de JAM y otros’ publicado por Ed. Paidos, en el capítulo relativo a la Neoconversión, los fenómenos designados como Po son las alucinaciones y los trastornos del lenguaje, mientras que entre los fenómenos ligados a phio se ubican las ideas delirantes relativas a la sexualidad y al cuerpo.

A consecuencia de la forclusión del Nombre del Nombre-del-Padre, significante que por excelencia viene a tramitar el goce en el sujeto, se presenta una invasión de goce en el sujeto.

A tal efecto, Lacan en la Introducción a la edición francesa del texto del Presidente Schreber, Memorias de un neuropata va a hablar, por vez primera y única, de ‘sujeto de goce”. La ubicación del goce en el cuerpo es lo propio de  la esquizofrenia, mientras que la ubicación del goce en el Otro es lo que caracteriza  a la paranoia. Así la esquizofrenia, en tanto

incluye el goce en el cuerpo se ubica dentro de los fenómenos phio, pero igualmente el delirio paranoico encuentra allí lugar. Por lo que se podría decir que el trastorno esquizofrénico comporta una suerte de delirio fijado o localizado en el cuerpo. Un delirio corporal que no alcanza a agregar un significante segundo al significante amo, al significante Uno, que condensa significante y goce.

En una posición de yuxtaposición, que junta el goce invasivo presente en el cuerpo y l goce localizado en el Otro encontramos entonces la llamada esquizofrenia paranoica. El caso del Presidente Screber la ilustra.

El abordaje a la psicosis y al cuerpo desde la perspectiva de lo real se irá perfilando en Lacan a partir de la noción de la suplencia, en especial de su elaboración del nudo borromeo. La consideración de la suplencia conduce progresivamente a Lacan a formular el nudo borromeo, reformulando el concepto mismo de estructura, con las categorías en juego de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario.

Habitualmente, plantea Lacan, los 3 aros que representan los 3 registros antes mencionados necesitan un cuarto aro que los anude, que los mantenga unidos de manera borromea. Ese cuarto aro es bautizado por Lacan con el nombre de “sinthome”, es lo que viene a anudar los aros R.S.I..

En el seminario XXIII, el “sinthome” es presentado como una suplencia que viene a situarse donde se ha producido un desanudamiento de los tres aros de los tres registros R.S.I.. El sinthome viene a constituir por tanto el cuarto aro del nudo Borromeo, manteniendo anudados, juntos, los 3 aros. Cualquier función que pueda mantener anudados los 3 aros mencionados opera como un sinthome, sostiene Lacan. A tal efecto pueden ocupar esta función : el Nombre-del-Padre, un síntoma, una mujer.

Cuando se produce un error o un lapsus del nudo borromeo construido a 4 aros estamos en presencia de una forclusión psicótica, la que trae enormes consecuencias para el cuerpo del parlêtre. El psicótico experimenta ser invadido por un goce desmedido, sin ley ni control, a veces  por palabras oídas  él tiene la impresión de que le son impuestas, llegando a tener  repercusiones en el cuerpo.

Se instala entonces en el psicótico un cuerpo tomado por un goce sin regulación , sin límite. Es el cuerpo propio del esquizofrénico en plena crisis, en donde surge el goce de órganos, que irrumpe en el psicótico.

Una vez irrumpido el goce en el cuerpo se produce un esfuerzo enorme del esquizofrénico por localizar ese goce en un órgano en particular. Se trata de que una parte del cuerpo comienza a ser usado para localizar al goce.

La localización del goce en el cuerpo del psicótico esquizofrénico tiene el mismo estatuto que el delirio en la paranoia, implica una restauración.  El esquizofrénico centra sus esfuerzos en asignarle un lugar corporal definido al goce desbordado, el paranoico hace esfuerzos por asignarle una resignificación al caos interior, a la desorganización del pensamiento, al Otro que lo persigue porque quiere gozar de él.

Así, el uso del cuerpo en el psicótico aparece en muchas ocasiones

presentado como una suerte de nueva significación fálica. Como una suerte de neo-falo.

Lacan plantea que a pesar de estar el esquizofrénico fuera de discurso debe encontrar un uso para sus órganos, localizadores de goce pulsional, podríamos agregar.

 El goce que invade y parasita el cuerpo del psicótico es del orden de lo real, surge como consecuencia de que se produjo un desanudamiento en alguna parte del nudo borromeo. En el seminario XXIII Lacan presenta al ‘sinthome” como lo que viene a ejercer una función de suplencia del nudo borromeo suelto. Lo real del goce del “sinthome” viene a anudar el nudo suelto, por tanto tiene una función reparadora, terapéutica. El “sinthome” viene a posibilitar que los aros R.S.I. se mantengan juntos.

La localización de goce en el cuerpo del psicótico es facilitada por la existencia del “sinthome”, tal como sucedió en el caso de James Joyce: la megalomanía de promover su nombre propio al lugar del Nombre-del Padre forcluido funcionó allí como “sinthome”. De aquí que aparezca agregado al nombre de Joyce en el Seminario XXIII. 

La significación del tema “el cuerpo en la psicosis” va a depender del momento clínico por el que esté atravesando el sujeto psicótico: si estamos en presencia de una psicosis desencadenada o estabilizada.

En el caso de una psicosis clínica el cuerpo está invadido de un goce deslocalizado y caótico, a causa del desanudamiento forclusivo.

Cuando se ha producido un anudamiento, cuando el “sinthome” ha podido mantener juntos los aros R.S.I. el goce habrá encontrado una localización en el cuerpo del psicótico.

En verdad se trata de una reformulación exitosa de lo que Lacan había venido planteando sobre el mecanismo de la forclusión, propia de la psicosis.

 Como hemos planteando a partir de Lacan, en la psicosis a consecuencia de la forclusión del Nombre-del-Padre el goce queda deslocalizado, amenazando al cuerpo del esquizofrénico, sin que este pueda protegerse de ello pues no dispone del Nombre-del-Padre para hacerle frente a este real que retorna. A consecuencia de la ausencia de significación fálica no logra sacar este goce fuera del cuerpo, lo que deja al sujeto prisionero de este goce proveniente del Otro que invade su cuerpo y que produce el desanudamiento. Es así que  en ocasiones el psicótico echa mano de su propia invención: el “sinthome”, como suplencia del NP forcluido que viene a anudarlo, aunque sea a veces una solución frágil.

Una viñeta clínica de un caso publicado en un texto de reciente aparición : “La Conversación Clínica, publicado por UFORCA, la instancia que reúne las Secciones Clínicas de Francia y Bélgica.

Se trata de una paciente entrevistada por Jacques-Alain Miller en el marco de  la presentación de enfermos del Hospital Val de Grace en Paris.

 Se aprecia una paciente psicótica hospitalizada por intentos suicidas, al lado de los cuales se presenta una acción, que viene presentándose con frecuencia en ciertos jóvenes, sobre todo mujeres: la escarificación, hacerse pequeños cortes en la piel con el objetivo de hacerse sangrar. En este caso la singularidad apunta a que cuando ve la sangre brotando de su cuerpo tiene “la impresión de existir”, la prueba de que está viva.

Para esta paciente sangrar le alivia considerablemente de la angustia que la invade, causada por el goce mortífero que toma su cuerpo.

La invención de esta psicótica es tratar de sacar de su cuerpo ese real pulsional desbordado que vehicula muerte. Así, hiere su cuerpo, lo hace sangrar, para extraer goce de su interior, infestado de una pulsión de muerte desencadenada y así lograr darse existencia, vida, al ver la sangre brotando de su cuerpo. 

De este modo parece producirse en esta paciente un cierto y fugaz anudamiento logrado por esta endeble salida que a veces encuentra.

Sin embargo, ¿podrá contenerse la tendencia suicida, el impulso hacia la muerte, que anima a esta mujer? No luce tan evidente.

Nota: El presente artículo ha sido publicado en Glifos, Revista virtual de la NEL-CdMx, Nº 17, diciembre 2021.