viernes, 8 de mayo de 2020

Identificación y real


A partir del trabajo de María Cristina Giraldo, en torno a la identificación y el Pase, me pregunto por la nominación de un AE; al parecer, ésta no basta por sí sola para que se instale una política del Pase en la Escuela. Hace falta algo más. Infiero que, ese algo más, la Escuela misma está llamada a regir, a instalar o a encausar.

Es cierto que existe una oposición evidente entre identificación y Pase. Plantearé que la constitución y el funcionamiento del grupo, generado por identificación, es el principal obstáculo que impide una política del Pase en la Escuela. El planteamiento de Giraldo, que aparece ya en el título de su trabajo, introduce la oposición entre identificación y Pase. Abordaré, en primera instancia, la cuestión de la identificación en la experiencia analítica, para pasar después a relacionarla con el Pase.

Como es harto conocido, Lacan define la transferencia a partir del Sujeto Supuesto Saber ―de ahora en adelante S.S.S―, que es una de las escrituras posibles para el Ideal en juego en la experiencia psicoanalítica: I(A). Es necesario que el saber pueda ser tramitado de la manera más conveniente en la cura psicoanalítica, pues de ese modo podrá emerger lo Real que subyace en el S.S.S. Éste puede llegar a constituirse en una fuerte defensa del sujeto para impedir la emergencia de lo Real. El objeto (a) es colocado bajo el lugar del Ideal, plantea Freud al final del capítulo VIII de su Psicología de las masas y análisis del yo. [1] Por su parte, en el capítulo XX del Seminario XI, En ti más que tú, Lacan habla, precisamente, de la resistencia ejercida por el amor de transferencia, el engaño del amor de transferencia.

Lacan plantea que las curvas del esquema final de Freud ―en el referido capítulo― son construidas para marcar la conjunción del objeto (a) con el Ideal del yo. Cuando se produce la coalescencia, la infiltración del Ideal del yo por el goce, se produce, en el análisis, el aferramiento al S.S.S con su correlato de resistencia, la del amor de transferencia. En este caso, no llega a generarse la destitución del S.S.S y, por tanto,  lo Real no puede emerger, desprenderse de las adherencias del goce, enraizadas en el Ideal del yo.

Lacan sugiere que el manejo de la transferencia, más que soportarse en interpretación alguna de la transferencia, está llamado a mantener la distancia entre el Ideal y el objeto (a), tal como es desarrollado en el apartado II del capítulo final del Seminario XI, cuando plantea la necesidad de mantener la distancia entre el Ideal, el punto desde donde el sujeto se ve amable ―susceptible de ser amado― y el objeto causa del sujeto.

El S.S.S encuentra dificultad en ser desmantelado, destituido, presentándose un reforzamiento del Ideal, punto fundamental en el proceso identificatorio, en tanto constituye también uno de los factores de conformación de la masa, del grupo: la identificación con el líder, ocupando el lugar del Ideal. Otro factor, constitutivo de la masa, viene dado por la identificación a los otros integrantes del grupo. Identificación vertical, hacia el líder, e identificación horizontal, entre pares, así las llamará Miller.

En este punto de la identificación al Ideal, de identificación al Padre, se sostiene la teoría del final del análisis, por vía de la identificación al analista, una identificación al Otro. Lacan plantea que existe un “más allá de esta identificación, y está definido por la relación y la distancia existente entre el objeto a minúscula y la I mayúscula idealizante de la identificación”. [2] Es lo que afirma María Cristina Giraldo al decir que “la identificación al sinthome ―a lo real― y no al Otro ―al Ideal― impacta en los fenómenos de grupo que se producen por identificación”. [3]

Miquel Bassols  afirma que la Escuela es “un tratamiento de lo real” [4], y esto va contra la identificación que forma al Ideal del yo; asimismo, dirá que la Escuela es una comunidad de los que no hacen comunidad ―paradoja de Russel: el conjunto de los barberos que no se afeitan a sí mismos―; vale decir la Escuela como una comunidad que no se funda en la identificación al Ideal del yo; una Escuela, como un analista, que surge a partir del tratamiento de lo Real. Sobre este aspecto se refiere, igualmente, Patrick Monribot [5]: “el discurso analítico objeta la doble misión del Ideal del yo: juntar a los individuos y enmascarar lo Real de la pulsión. El discurso analítico valoriza lo Real separando la función del velo del Ideal”. Pero no se puede suponer que el Ideal está enmascarado por completo de la vida funcional de una Escuela. La utopía de la “desidealización” absoluta conforma también un ideal. Sin ideal no existe comunidad de Escuela. La pregunta que se impone, plantea Monribot, es la siguiente: “¿Qué uso hacer del Ideal en una Escuela que toma en cuenta lo Real?”. Asimismo, señala que: “En una comunidad de Escuela cada uno tendrá que arreglárselas con su Ideal. Cada quien está solo en relación con el significante del Ideal que le sirve de modelo a seguir. La relación de goce de cada quien con el significante del Ideal no comporta un elemento que se pueda compartir. En la comunidad analítica, la causa es común pero no el vínculo que cada uno establece con dicha causa. Al final de un análisis, ese goce, singular de cada uno, se escribe en un sinthome”.

Un sujeto analizado entra en la Escuela a partir de su propio goce sintomático, totalmente diferente al del vecino. Es con esta “identificación al síntoma” que se hace lazo social en el seno de una Escuela. Una política del Pase, como política de Escuela, se asienta, en tanto en cuanto tratamiento de lo Real, en esta identificación al sinthome. Es que el final del análisis, signado por la identificación al sinthome, es algo susceptible de demostrar y el lugar para realizar tal formalización es la Escuela. El Pase, en esencia, realiza la función de anudamiento de la experiencia de un análisis a la experiencia de la Escuela. Giraldo sostiene que gracias a una torsión moebiana, que marca el pasaje lógico de la transferencia analítica a un algo, situado más allá, es que el analizante termina convirtiéndose en analista de la propia experiencia analítica. [6] Es eso, precisamente, lo que constituye la naturaleza del acto analítico: el pasaje del analizante, bajo transferencia, al analista, más allá de la disolución de la transferencia.   

Al final de la experiencia no sólo se deviene analista de la propia experiencia, sino también analista de la experiencia de la Escuela. Es esto lo que plantea Jacque-Alain Miller en su Teoría de Turín [7]: La Escuela igualmente es susceptible de análisis. El Pase no pude llegar a realizarse sin el correlato de un punto de horror, dado por la constatación de la existencia de una falla en el saber del Otro ― S(Ⱥ) ― a quien se le suponía un saber absoluto y total: el S.S.S. Esta falla, equivalente a la castración del Otro, no es fácil de asimilar, pues es sólo en la medida en que se asume la castración del Otro es que se puede asumir la propia castración, tal como plantea Freud en Análisis terminable e interminable. [8] El Pase, saldado a partir de la destitución del S.S.S, correlato de una inconsistencia del Otro, de la ex–sistencia de un agujero en el Otro, viene acompañado de un punto de horror, de angustia.

El matema S(Ⱥ) escribe el horror causado por el agujero en el Otro, momento de pase, de caída del Otro del Ideal y encuentro con el Uno del goce, del propio goce. El agujero de lo Real incide de la misma manera en el sujeto y en la Escuela, produciendo la caída, el atravesamiento de las identificaciones. La identificación en el sujeto encubre o recubre lo real en juego en la experiencia analítica. La identificación en la Escuela, expresada por los fenómenos de grupo, escamotea el acceso a lo real del Uno, que sirve de soporte al funcionamiento de una Escuela lacaniana de psicoanálisis. Así como el Pase, fundado en el agujero, marca el desmantelamiento de las identificaciones en el sujeto, una política de Escuela, centrada en el Pase, está llamada a operar sobre los fenómenos de grupo, basados en la identificación obscena que los sustenta. Bien señala María Cristina Giraldo que “la identificación al sinthome, y no al Otro, impacta en los efectos de grupo que se producen por identificación a aquello que se pone en lugar del S1”. El poder se asienta en el rechazo al saber supuesto y se sostiene en las identificaciones. Jacques-Alain Miller lo decía, que hay una manera de estar juntos en el grupo que no traduce otra cosa que la resistencia a la experiencia psicoanalítica, o a la represión del inconsciente.

Real – S(Ⱥ)  – Agujero = Pase
Identificación – Fenómenos de masa = Grupo

El agujero de lo real produce malestar. El malestar de Pase existe, en algunas ocasiones, en instituciones en donde se ha producido un AE. A pesar de la incidencia de la política del Pase, en la Escuela se genera mayor intensidad o cohesión de los fenómenos de grupo. Puede que la designación de un AE, en una sede, no haya estado acompañada por una política del Pase en la Escuela, en Una Sede. Al parecer, la presencia de un AE en una sede no basta, no es suficiente. Es condición necesaria, pero no suficiente, hacer coincidir al AE con una política del Pase en la Escuela. Me pregunto, entonces, ¿cómo se presentaría en los hechos tal incidencia del Pase en la Escuela? 

 
Notas:

1.- Freud, Sigmund. Enamoramiento e hipnosis, VIII. Psicología de las masas y análisis del yo, tomo XVIII. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986.

2.- Lacan, Jacques. En ti más que tú. Los cuatro conceptos fundamentales en psicoanálisis, Seminario 11. Paidós, Buenos Aires, 2003, p.279.

3.- Giraldo, María Cristina. Conversación Clínica de la NEL. São Paulo, 2019.

4.- Bassols, Miquel. 2014. [En línea]. La Escuela y lo Real. Disponible en http://miquelbassols.blogspot.com/2014/01/la-escuela-y-lo-real.html.

5.- Conferencia de Patrick Monribot, ¿Por qué una Escuela lacaniana de psicoanálisis?  En la Sede de la NEL-México, octubre 2011.

6.- Giraldo, María Cristina. La Escuela: una respuesta a la oposición entre identificación y Pase. Conversación Clínica de la NEL. São Paulo, 2019.


9.- Freud, Sigmund. Análisis terminable e interminable. Obras completas, tomo XXIII (1937). Amorrortu editores, Buenos Aires, 1980.

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