En
la experiencia analítica el goce encuentra su valor en tanto ha podido ser
evacuado del campo del Otro. De este modo el goce es ligado, planteado por
Lacan como un objeto que ha podido ser extraído del Otro, objeto que tendrá una
doble valencia: por un lado designa la ausencia que califica eso que ha sido
sustraído del Otro, eso que no está allí y por el otro constituye lo que puede
venir a colmar esa ausencia, lo que Lacan bautizó con el nombre de objeto de
plus-de-goce. El otro, afectado por una pérdida de goce, es otro inconsciente.
Es otro que no tiene ni esencia ni existencia, en términos de goce. Este Otro
en falta lo escribe Lacan lo escribe: significante del Otro barrado, S (A/
tachado).
El
sujeto neurótico sufre a causa de la inconsistencia del Otro, de allí que la
neurosis emplee sus esfuerzos en velar tal inconsistencia. La transferencia
analítica conforma uno de los velos de la falta del Otro: el Sujeto supuesto
saber viene a ejercer una función de ocultamiento de la inconsistencia del
Otro. El neurótico le atribuye al analista en la experiencia psicoanalítica
consistencia, en tanto Otro de saber, estableciéndose de este modo una íntima
relación entre el saber y el goce: “ese saber es medio de goce”, afirma Lacan
en el Seminario XVII.
La
consistencia o inconsistencia del Otro permite ubicar los dos tipos posibles de
pointerpretación en psicoanálisis: la interpretación que se sostiene en la
función semántica, la que opera asignando sentido y generando efectos de
verdad, la que encuentra soporte en la noción del «inconsciente estructurado
como un lenguaje», y la interpretación que apunta al sin sentido situado mas
allá del inconsciente semántico freudiano, la que opera con la especificidad
del corte apuntando al goce. [1] La interpretación semántica se corresponde con
el estatuto de otro consistente, se funda en la escritura de la significación
proveniente del Otro, mientras que la interpretación-corte se apoya en otro en
falta, y tiene por objetivo alcanzar al objeto (a): “atañe a la causa del
deseo”, tal como formula Lacan en “L’Etourdit”, escrito que, conjuntamente con
el Seminario XX, marcará el inicio de una mayor valoración de la formulación de
la noción del significante como productor de goce. [2] Sin embargo, la idea de
aplicar en la experiencia psicoanalítica una interpretación distinta de aquella
basada en la significación presenta antecedentes en la enseñanza de Lacan. Uno
de ellos presenta precisamente la articulación dela interpretación con la llamada
neutralidad analítica.
En “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, en una de sus escasas referencias a este tema, Lacan señala el valor de interpretación que puede llegar a tener “una vacilación calculada de la neutralidad del analista”. Precisa que tal vacilación puede valer para un sujeto histérico “más que todas las interpretaciones”. [3] Tenemos derecho a inferir que con esta afirmación Lacan confronta “la vacilación de la neutralidad del analista» como interpretación frente al conjunto «todas las interpretaciones”. La “vacilación de la neutralidad” sería como interpretación de un orden distinto del resto de las interpretaciones.
¿A cuáles interpretaciones se refiere Lacan en “Subversión del sujeto”? No sería aventurado decir que se está refiriendo a las interpretaciones que, tradicionalmente, han regido en el psicoanálisis: la interpretación que otorga sentido, la interpretación que opera desde el lugar del Sujeto supuesto saber; es decir, desde la consistencia de Otro del saber. Por su parte, la vacilación de la neutralidad como interpretación se sostiene en el desfallecimiento, en la inconsistencia del Otro. Opera en tanto interpretación en la cura desde la falla del Otro encarnado en el analista. Se trata de una interpretación que funciona no desde el saber del Otro sino desde su falla: S(A/), escritura también planteada por Lacan para el deseo del analista. Y es que si la interpretación-sentido es ejercida desde la posición del saber supuesto del analista, la interpretación que apunta al goce del sin sentido se sostiene en el deseo del analista, tal como señala Lacan cuando precisa que la “vacilación calculada” no constituye un consejo técnico sino “un punto abierto sobre la cuestión del deseo del analista”, agregando que su observación tenía destinatario: aquellos psicoanalistas que de otro modo no podían tener idea sobre el deseo del analista. [4]
En un sentido estricto o restricto, el deseo del analista no participa en el tratamiento analítico desde una posición de neutralidad, conlleva riesgos y por ello su presencia en la vacilación de la neutralidad amerita de un cálculo. Lacan plantea en “Subversión” que la vacilación calculada de la neutralidad del analista puede traer consigo riesgos: el “enloquecimiento” del analizante y la ruptura del lazo analítico. [5] La función del deseo del analista expone la inconsistencia del Otro, frente a la cual viene a situarse la consistencia lógica del objeto (a), consistencia que toma su valor de goce de la inconsistencia o de la falta de goce del Otro. Un «enloquecimiento» puede resultar en la medida en que el sujeto pueda aspirar a constituirse en la consistencia lógica, en el objeto de goce que venga a darle consistencia al Otro, condición siempre exigida al analista, no solo en el campo del saber sino también en el del goce. De aquí que Jacques-Alain Miller considere que el analista no es solamente un Sujeto supuesto saber sino también un Sujeto supuesto gozar. [6] El “enloquecimiento” podría sobrevenir en el momento en que el sujeto, cual Schreber, pase a considerar que el analista goza de él, erigiéndose en objeto de goce que da consistencia al Otro del analista.
En razón de que la maniobra del analista podría acarrear la ruptura, la resolución de la relación analítica, se impone la necesidad del cálculo de la vacilación de la neutralidad, de tal manera que si bien el analista pueda correr el riesgo de provocar “enloquecimiento”, este no llegue a producir la ruptura del lazo transferencial. En el fondo la llamada «vacilación calculada» remite a la noción del orden táctico de toda interpretación, respondiendo a un cálculo, no solo de la estructura en juego sino también de la coyuntura por la que atraviesa en un momento dado la cura analítica. En un excelente libro del agudo pensador argentino Eduardo Rinesi “Política y tragedia” queda establecido que la virtud de todo príncipe según Maquiavelo queda reducida a la prudencia. Esta virtud, obrando a través de la prudencia, la podemos hacer análoga a la interpretación psicoanalítica: “debe ejercerse siempre en una cierta situación de hecho, en una cierta coyuntura”. [7] Y es que la interpretación no responde al registro de la intuición o de la inspiración, el énfasis puesto sobre el cálculo de la vacilación de la neutralidad subraya lo que el cálculo de la interpretación debe a lo aleatorio y al encuentro, lo que muchas veces constituye una sorpresa para el mismo analista, tal como leemos en la presentación de la publicación de una serie de conferencias recogidas con el título “El cálculo de la interpretación”, serie auspiciada por el Institut de la Recherche del Matheme Analytique, IRMA. [8]
En un texto preparatorio a estas Jornadas de la EOL, Graciela Brodsky nos recuerda el origen etimológico de la palabra neutralidad: ni lo uno ni lo otro. La posición del analista en la dirección de la cura estaría marcada al contrario por un ir más allá de la neutralidad habitualmente exigida, por un “tomar partido”. La vacilación de la neutralidad implica efectivamente un dejar de estar en una posición imparcial frente a la consistencia suministrada por el analizante al Otro del analista en función del Sujeto supuesto al saber. La interpretación analítica que apunta a tocar lo real del goce, haciendo el esfuerzo de ir más allá del inconsciente no guarda ninguna relación con la neutralidad analítica.
En la medida en que puede dejar al descubierto el desfallecimiento de la neutralidad del Otro del saber, medio de goce, la interpretación analítica evita que la transferencia se eternice, tal como nos plantea Jacques-Alain Miller en su curso “Extimidad” y que nos recuerda Samuel Basz en su artículo “El lugar del analista: ¿una innovación ética”. [9]
En el capítulo IX del Seminario “Aun”, Lacan afirma que el inconsciente no es lo que el ser piensa sino que es goce: el ser, hablando, goza. [10] De allí (que) la consideración de la interpretación como un corte a la intención de significación apunta al goce, a introducir un límite al goce. Para ejercer este tipo de interpretación el analista no puede permanecer neutro, el acto del analista descarta toda neutralidad en lo referente al goce: es necesario que el analista vaya por él, que toque con su interpretación la sustancia de goce.
La interpretación que versa sobre la verdad reprimida u oculta del inconsciente, en la medida en que se apoya en la suposición de saber de un Otro consistente, se presenta como correlato de una posición de neutralidad del analista. Pero la interpretación que tiene por objetivo al goce exige del analista operar desde un Otro inconsistente asumiendo una posición que va más allá de la neutralidad requerida para hacer “consciente lo inconsciente” o para puntuar el discurso del inconsciente del sujeto.
Lacan planteaba en L’Etourdit la característica “apofántica” del decir eficaz del análisis, decir que se distingue de la proposición y se renombra tomando prestado el término de interpretación. Miller en su reciente curso “Un esfuerzo de poesía” [11] señalaba que la interpretación en tanto anula lo falso y se constituye en siempre verdadera, escapa a la proposición aristotélica, no estando sometida por tanto ni a duda ni medida. La interpretación en tanto apofántica estaría más allá de cualquier consideración de lo verdadero y lo falso, rasgo por el que estaría entonces emparentada con el modo poético de la enunciación, agrega Miller.
Considerar
la interpretación del lado de la enunciación, o más bien del decir poético, es
situarla más allá de la verdad, más allá del inconsciente freudiano, más allá
del saber supuesto del analista, más allá de toda neutralidad analítica. Es
situarla del lado del deseo de analista; es decir, del lado de la
inconsistencia del Otro.
Notas:
1. Solano
Esthela, «Hairesis poetique», Papers # 5, Escuela Una, AMP-Uqbar
2. Lacan Jacques, «LEtourdit», Escansion # 1, Ed. Paidos, Bs. As., pag. 45
3. Lacan Jacques, «Subversion du sujet et dialectique du desir», Seuil, Paris, pag 824
4. Lacan Jacques, Ibid.
5. Lacan Jacques, Ibid.
6. Miller Jacques-Alain, Curso «Extimité» (1985-1986). Lección del 2/4/86. Inédito
7. Rinesi Eduardo, Política y tragedia, Ed. Colihue, Buenos Aires, pag. 52
8. IRMA, «El cálculo de la interpretación», Ed. Atuel-Anafora, Bs. As., pag. 12
9. Basz Samuel, «El lugar del analista: una innovación ética, Ed. Manantial, Bs. As., pag. 23
10. Lacan Jacques, Le seminaire, Livre XX, Ed Seuil, Paris, pag. 95
11. Miller Jacques-Alain, Curso «Un effort de poesie» (2002-2003), Lección del 4/12/2002, Inédito.
2. Lacan Jacques, «LEtourdit», Escansion # 1, Ed. Paidos, Bs. As., pag. 45
3. Lacan Jacques, «Subversion du sujet et dialectique du desir», Seuil, Paris, pag 824
4. Lacan Jacques, Ibid.
5. Lacan Jacques, Ibid.
6. Miller Jacques-Alain, Curso «Extimité» (1985-1986). Lección del 2/4/86. Inédito
7. Rinesi Eduardo, Política y tragedia, Ed. Colihue, Buenos Aires, pag. 52
8. IRMA, «El cálculo de la interpretación», Ed. Atuel-Anafora, Bs. As., pag. 12
9. Basz Samuel, «El lugar del analista: una innovación ética, Ed. Manantial, Bs. As., pag. 23
10. Lacan Jacques, Le seminaire, Livre XX, Ed Seuil, Paris, pag. 95
11. Miller Jacques-Alain, Curso «Un effort de poesie» (2002-2003), Lección del 4/12/2002, Inédito.


