lunes, 4 de mayo de 2020

Neutralidad e interpretación


En la experiencia analítica el goce encuentra su valor en tanto ha podido ser evacuado del campo del Otro. De este modo el goce es ligado, planteado por Lacan como un objeto que ha podido ser extraído del Otro, objeto que tendrá una doble valencia: por un lado designa la ausencia que califica eso que ha sido sustraído del Otro, eso que no está allí y por el otro constituye lo que puede venir a colmar esa ausencia, lo que Lacan bautizó con el nombre de objeto de plus-de-goce. El otro, afectado por una pérdida de goce, es otro inconsciente. Es otro que no tiene ni esencia ni existencia, en términos de goce. Este Otro en falta lo escribe Lacan lo escribe: significante del Otro barrado, S (A/ tachado).

El sujeto neurótico sufre a causa de la inconsistencia del Otro, de allí que la neurosis emplee sus esfuerzos en velar tal inconsistencia. La transferencia analítica conforma uno de los velos de la falta del Otro: el Sujeto supuesto saber viene a ejercer una función de ocultamiento de la inconsistencia del Otro. El neurótico le atribuye al analista en la experiencia psicoanalítica consistencia, en tanto Otro de saber, estableciéndose de este modo una íntima relación entre el saber y el goce: “ese saber es medio de goce”, afirma Lacan en el Seminario XVII.   

La consistencia o inconsistencia del Otro permite ubicar los dos tipos posibles de pointerpretación en psicoanálisis: la interpretación que se sostiene en la función semántica, la que opera asignando sentido y generando efectos de verdad, la que encuentra soporte en la noción del «inconsciente estructurado como un lenguaje», y la interpretación que apunta al sin sentido situado mas allá del inconsciente semántico freudiano, la que opera con la especificidad del corte apuntando al goce. [1] La interpretación semántica se corresponde con el estatuto de otro consistente, se funda en la escritura de la significación proveniente del Otro, mientras que la interpretación-corte se apoya en otro en falta, y tiene por objetivo alcanzar al objeto (a): “atañe a la causa del deseo”, tal como formula Lacan en “L’Etourdit”, escrito que, conjuntamente con el Seminario XX, marcará el inicio de una mayor valoración de la formulación de la noción del significante como productor de goce. [2] Sin embargo, la idea de aplicar en la experiencia psicoanalítica una interpretación distinta de aquella basada en la significación presenta antecedentes en la enseñanza de Lacan. Uno de ellos presenta precisamente la articulación dela interpretación con la llamada neutralidad analítica.  

En “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, en una de sus escasas referencias a este tema, Lacan señala el valor de interpretación que puede llegar a tener “una vacilación calculada de la neutralidad del analista”. Precisa que tal vacilación puede valer para un sujeto histérico “más que todas las interpretaciones”. [3] Tenemos derecho a inferir que con esta afirmación Lacan confronta “la vacilación de la neutralidad del analista» como interpretación frente al conjunto «todas las interpretaciones”. La “vacilación de la neutralidad” sería como interpretación de un orden distinto del resto de las interpretaciones.

¿A cuáles interpretaciones se refiere Lacan en “Subversión del sujeto”? No sería aventurado decir que se está refiriendo a las interpretaciones que, tradicionalmente, han regido en el psicoanálisis: la interpretación que otorga sentido, la interpretación que opera desde el lugar del Sujeto supuesto saber; es decir, desde la consistencia de Otro del saber. Por su parte, la vacilación de la neutralidad como interpretación se sostiene en el desfallecimiento, en la inconsistencia del Otro. Opera en tanto interpretación en la cura desde la falla del Otro encarnado en el analista. Se trata de una interpretación que funciona no desde el saber del Otro sino desde su falla: S(A/), escritura también planteada por Lacan para el deseo del analista. Y es que si la interpretación-sentido es ejercida desde la posición del saber supuesto del analista, la interpretación que apunta al goce del sin sentido se sostiene en el deseo del analista, tal como señala Lacan cuando precisa que la “vacilación calculada” no constituye un consejo técnico sino “un punto abierto sobre la cuestión del deseo del analista”, agregando que su observación tenía destinatario: aquellos psicoanalistas que de otro modo no podían tener idea sobre el deseo del analista. [4]

En un sentido estricto o restricto, el deseo del analista no participa en el tratamiento analítico desde una posición de neutralidad, conlleva riesgos y por ello su presencia en la vacilación de la neutralidad amerita de un cálculo. Lacan plantea en “Subversión” que la vacilación calculada de la neutralidad del analista puede traer consigo riesgos: el “enloquecimiento” del analizante y la ruptura del lazo analítico. [5] La función del deseo del analista expone la inconsistencia del Otro, frente a la cual viene a situarse la consistencia lógica del objeto (a), consistencia que toma su valor de goce de la inconsistencia o de la falta de goce del Otro. Un «enloquecimiento» puede resultar en la medida en que el sujeto pueda aspirar a constituirse en la consistencia lógica, en el objeto de goce que venga a darle consistencia al Otro, condición siempre exigida al analista, no solo en el campo del saber sino también en el del goce. De aquí que Jacques-Alain Miller considere que el analista no es solamente un Sujeto supuesto saber sino también un Sujeto supuesto gozar. [6] El “enloquecimiento” podría sobrevenir en el momento en que el sujeto, cual Schreber, pase a considerar que el analista goza de él, erigiéndose en objeto de goce que da consistencia al Otro del analista.

En razón de que la maniobra del analista podría acarrear la ruptura, la resolución de la relación analítica, se impone la necesidad del cálculo de la vacilación de la neutralidad, de tal manera que si bien el analista pueda correr el riesgo de provocar “enloquecimiento”, este no llegue a producir la ruptura del lazo transferencial. En el fondo la llamada «vacilación calculada» remite a la noción del orden táctico de toda interpretación, respondiendo a un cálculo, no solo de la estructura en juego sino también de la coyuntura por la que atraviesa en un momento dado la cura analítica. En un excelente libro del agudo pensador argentino Eduardo Rinesi “Política y tragedia” queda establecido que la virtud de todo príncipe según Maquiavelo queda reducida a la prudencia. Esta virtud, obrando a través de la prudencia, la podemos hacer análoga a la interpretación psicoanalítica: “debe ejercerse siempre en una cierta situación de hecho, en una cierta coyuntura”. [7] Y es que la interpretación no responde al registro de la intuición o de la inspiración, el énfasis puesto sobre el cálculo de la vacilación de la neutralidad subraya lo que el cálculo de la interpretación debe a lo aleatorio y al encuentro, lo que muchas veces constituye una sorpresa para el mismo analista, tal como leemos en la presentación de la publicación de una serie de conferencias recogidas con el título “El cálculo de la interpretación”, serie auspiciada por el Institut de la Recherche del Matheme Analytique, IRMA. [8]


En un texto preparatorio a estas Jornadas de la EOL, Graciela Brodsky nos recuerda el origen etimológico de la palabra neutralidad: ni lo uno ni lo otro. La posición del analista en la dirección de la cura estaría marcada al contrario por un ir más allá de la neutralidad habitualmente exigida, por un “tomar partido”. La vacilación de la neutralidad implica efectivamente un dejar de estar en una posición imparcial frente a la consistencia suministrada por el analizante al Otro del analista en función del Sujeto supuesto al saber. La interpretación analítica que apunta a tocar lo real del goce, haciendo el esfuerzo de ir más allá del inconsciente no guarda ninguna relación con la neutralidad analítica.  


En la medida en que puede dejar al descubierto el desfallecimiento de la neutralidad del Otro del saber, medio de goce, la interpretación analítica evita que la transferencia se eternice, tal como nos plantea Jacques-Alain Miller en su curso “Extimidad” y que nos recuerda Samuel Basz en su artículo “El lugar del analista: ¿una innovación ética”. [9]
En el capítulo IX del Seminario “Aun”, Lacan afirma que el inconsciente no es lo que el ser piensa sino que es goce: el ser, hablando, goza. [10] De allí (que) la consideración de la interpretación como un corte a la intención de significación apunta al goce, a introducir un límite al goce. Para ejercer este tipo de interpretación el analista no puede permanecer neutro, el acto del analista descarta toda neutralidad en lo referente al goce: es necesario que el analista vaya por él, que toque con su interpretación la sustancia de goce.

La interpretación que versa sobre la verdad reprimida u oculta del inconsciente, en la medida en que se apoya en la suposición de saber de un Otro consistente, se presenta como correlato de una posición de neutralidad del analista. Pero la interpretación que tiene por objetivo al goce exige del analista operar desde un Otro inconsistente asumiendo una posición que va más allá de la neutralidad requerida para hacer “consciente lo inconsciente” o para puntuar el discurso del inconsciente del sujeto.

Lacan planteaba en L’Etourdit la característica “apofántica” del decir eficaz del análisis, decir que se distingue de la proposición y se renombra tomando prestado el término de interpretación. Miller en su reciente curso “Un esfuerzo de poesía” [11] señalaba que la interpretación en tanto anula lo falso y se constituye en siempre verdadera, escapa a la proposición aristotélica, no estando sometida por tanto ni a duda ni medida. La interpretación en tanto apofántica estaría más allá de cualquier consideración de lo verdadero y lo falso, rasgo por el que estaría entonces emparentada con el modo poético de la enunciación, agrega Miller.

Considerar la interpretación del lado de la enunciación, o más bien del decir poético, es situarla más allá de la verdad, más allá del inconsciente freudiano, más allá del saber supuesto del analista, más allá de toda neutralidad analítica. Es situarla del lado del deseo de analista; es decir, del lado de la inconsistencia del Otro. 


Notas:

1. Solano Esthela, «Hairesis poetique», Papers # 5, Escuela Una, AMP-Uqbar
2. Lacan Jacques, «LEtourdit», Escansion # 1, Ed. Paidos, Bs. As., pag. 45
3. Lacan Jacques, «Subversion du sujet et dialectique du desir», Seuil, Paris, pag 824
4. Lacan Jacques, Ibid.
5. Lacan Jacques, Ibid.
6. Miller Jacques-Alain, Curso «Extimité» (1985-1986). Lección del 2/4/86. Inédito
7. Rinesi Eduardo, Política y tragedia, Ed. Colihue, Buenos Aires, pag. 52
8. IRMA, «El cálculo de la interpretación», Ed. Atuel-Anafora, Bs. As., pag. 12
9. Basz Samuel, «El lugar del analista: una innovación ética, Ed. Manantial, Bs. As., pag. 23
10. Lacan Jacques, Le seminaire, Livre XX, Ed Seuil, Paris, pag. 95
11. Miller Jacques-Alain, Curso «Un effort de poesie» (2002-2003), Lección del 4/12/2002, Inédito.
 


domingo, 26 de abril de 2020

Lazo social y coronavirus




En el escrito La Psiquiatria inglesa y la guerra, Lacan destaca el trabajo realizado por Rickmann y Bion en lo que respecta a la integración de soldados “irreductibles” a una masa estable como lo es el ejército. Se trata de una temprana consideración de Lacan sobre la lógica que subyace en el lazo social.

Eric Laurent afirma, en su artículo El racismo 2.0, que existe una diferencia notoria entre Freud y Lacan en lo relativo al lazo social. Mientras el primero plantea su base de sustentación en el líder, subrogado del padre, tal como es descrito en Psicología de las masas y análisis del yo, el segundo lo funda en un primer rechazo pulsional, lógica que Lacan formula al final de El tiempo lógico y el aserto de certeza anticipada, con los tres tiempos lógicos allí presentados. La lógica colectiva que se desprende se soporta en la amenaza de un rechazo primordial. Un hombre puede reconocerse como perteneciendo a un conjunto humano en tanto rechaza a aquel o aquellos que no presentan el modo de gozar propio del conjunto.

Lacan no basa la lógica del lazo social sobre la identificación freudiana al  líder, sino sobre el rechazo al goce del otro ―Televisión dixit―; lo que sustenta el racismo y la identificación segregativa es el rechazo al goce del otro. Así, en la raíz misma de la constitución del lazo social, se encuentran presentes componentes de segregación y racismo. Estos elementos constituyen el aderezo lacaniano al Malestar en la cultura freudiano, tal como se preguntaba Lacan en Alocución sobre las psicosis del niño, pronunciada en octubre 1967. Se trata de saber cómo nosotros, los psicoanalistas, vamos a responder a eso: la segregación puesta a la orden del día por una subversión sin precedentes. Lo que comporta la matriz de la identificación segregativa se asienta, por tanto, en lo real pulsional de un goce no susceptible de inscripción en el registro significante.

En estos tiempos de cuarentena, ocasionados por el coronavirus, asistimos a formas de segregación que se presentan por doquier. Es conocido el considerable número de migrantes venezolanos que han decidido desplazarse a ciudades de naciones vecinas, a causa de la crisis humanitaria que azota al país. Así, asistimos a lo que se puede llamar una doble moral de ciertos políticos en funciones de gobierno.

La alcaldesa de una importante ciudad latino-americana asume su cargo a comienzos de este año surfeando una gran ola de popularidad, lograda por presentarse como alguien de mentalidad muy abierta y de gran tolerancia por las minorías. Luego de un primer momento, en que había demostrado complacencia en acoger en la ciudad a “los hermanos venezolanos”, saca a relucir, en plena pandemia, la xenofobia y el racismo que la habitan, bajo el velo de una demanda que solicita que sean las autoridades nacionales y no las locales las llamadas a ocuparse de esos migrantes que han invadido su ciudad y mermado su presupuesto. Y al mejor estilo de la negación freudiana, afirma no ser xenófoba para nada.

 En varias ciudades del mundo se celebra y aplaude, incluso a una hora fija cada día, la actuación valiente, desprendida, hacia los pacientes afectados por el Covid-19, demostrada por médicos, enfermeras y trabajadores de la salud. Recientes reseñas y testimonios dan cuenta de cómo, al mismo tiempo, esos dignos “sanitarios” son objeto de discriminación y rechazo por parte de vecinos, algunos que hasta ayer hacían semblante de cordialidad y buen trato. Graffitis en muros y en los parabrisas de sus automóviles, llamadas telefónicas, mensajes por las redes sociales, conminándolos a que cambien de residencia, que se vayan de la urbanización, pues terminarán por contagiar a todos. Los “sanitarios” son susceptibles de ser objeto de la más indigna segregación y rechazo social, como viene de suceder el día de ayer en una ciudad colombiana, donde un médico ocupado en tratar pacientes con coronavirus terminó siendo expulsado por sus vecinos del condominio en el que residía. No le quedó como respuesta subjetiva más que echarse a llorar.

Y si por desgracia alguien ha sido diagnosticado como enfermo de coronavirus o ha sido hospitalizado, ni hablar de los efectos de sus congéneres: rechazo, discriminación, segregación, racismo, absolutos. Hasta los mismos médicos, que han realizado el diagnóstico, recomiendan a sus pacientes la discreción más absoluta sobre el haber contraído la enfermedad, por temor, precisamente, a la identificación segregativa. Esto lleva a pensar que las cifras totales reportadas de contagiados y fallecidos, tanto a nivel local como a nivel mundial, quizás no sean las más veraces.  

El lazo social, ante situaciones contingentes, puede dejar asomar su lado más oscuro y obsceno en su relación al Otro, al goce del Otro.

“En el extravío de nuestro goce solo el Otro puede situarlo” ― Jacques Lacan. Televisión.


miércoles, 22 de abril de 2020

La psiquiatría inglesa y la guerra


Sobre el escrito de Lacan “La psiquiatría inglesa y la guerra”, que figura en “Autres Ecrits”, versará el seminario de docentes del  INES que dictará, en noviembre 2020, en Bogotá, la psicoanalista francesa Dominique Laurent. Es nuestro interés aproximarnos a lo que plantea Jacques Lacan en este texto.

Se trata de una conferencia pronunciada en “L´Evolution psiquiatrique”, en 1947, en la que se aborda la segunda Guerra Mundial, a partir de los efectos subjetivos causados en Lacan por un viaje realizado a Inglaterra durante tres semanas, en septiembre de 1945.

El artículo despliega un análisis detallado de la teoría y la práctica puesta al servicio del ejército durante la guerra, por parte de un psiquiatra y un psicoanalista inglés, Rickmann y Bion. Ellos escribieron, en la prestigiosa revista inglesa The Lancet, el artículo que, según Lacan, iba a dejar huella en la historia de la psiquiatría: “Intra-Group Tensions in Therapy. Their Study as the Task of the groupe”; es decir, “Las tensiones interiores al grupo en la terapia. Estudio propuesto como tarea del grupo”.

En ese trabajo de investigación, los autores dan cuenta de una actividad llevada a cabo en un hospital militar donde la ocasión, al mismo tiempo que los principios, adquiere valor de demostración de método. Lacan afirma que en este estudio se puede apreciar “el milagro de los primeros pasos freudianos”, al encontrar en el “impasse” mismo de una situación “la fuerza viva de la intervención.” [1]

Los grupos están conformados por soldados con serias dificultades para someterse a la disciplina militar y que mantienen una actitud cerrada a los beneficios que pudieran obtener de la terapia, a causa de la misma razón que los ha llevado allí. Lacan califica a estos soldados como “irreductibles”, agrupados en una llamada “compañía de disciplina” y  se pregunta cómo hacer de ella un grupo que funcione. [2] Dos elementos pueden contribuir a la respuesta posible: la presencia de un enemigo que favorezca la soldadura del grupo frente a una amenaza exterior común; y la existencia de un líder que pueda ejercer su autoridad sobre el grupo y que pueda transmitir al conjunto que él es capaz de asumir su responsabilidad sin jamás recular ante el compromiso contraído.

Es interesante constatar el trasfondo de lo que Lacan está planteando: los planteamientos formulados por Freud en el capítulo VII de “Psicología de las masas y análisis del yo”. Dos tipos de identificación aquí se delinean: la horizontal, realizada a nivel imaginario entre los integrantes de una masa o grupo; y la vertical, o simbólica, soportada en el líder o conductor del grupo. Estas identificaciones constituyen la matriz de las respuestas aportadas por Lacan sobre el pasaje posible desde la “compañía de disciplina” a grupo funcional.

Como es sabido, en 1921, después de haber formulado su segunda tópica que organiza la realidad psíquica, Freud retoma la cuestión del destino libidinal en la masa, a partir de los procesos identificatorios que rigen la vida psíquica. [3]
La relación de los integrantes del grupo con el líder contribuye a solidificar la relación  entre ellos y colma las exigencias de satisfacción libidinal. Esta exigencia de satisfacción libidinal sin límite puede alojarse, igualmente, en el líder y pueden conducir situaciones algo inquietantes.

Estos dos tipos de identificación, descritas por Freud en su artículo sobre la psicología de las masas, van a servir de materia prima para la conformación del llamado lazo social, al que se podrá acceder, tanto por la vía individual como colectiva. Así, asistimos al planteamiento de una analogía, formulada en El malestar en la cultura, entre el funcionamiento del aparato psíquico individual y el funcionamiento psíquico de una colectividad. El concepto de discurso de Lacan vendrá a permitir sobrepasar esta improbable analogía [4]; sin embargo, en 1947, año en que se escribe La psiquiatría Inglesa y la guerra, no han sido formuladas las categorías conceptuales de discurso ni de significante; por esta razón, Lacan debe acudir a la misma noción de “analogía” empleada por Freud. Es lo que le permite identificar en el grupo, afectado de disolución, los mismos modos de defensa que, a nivel individual, utiliza el neurótico, sostiene Marie-Hélène Brousse. [5]

Recientemente, Éric Laurent planteaba en un número de Lacan Quotidien , a propósito de la pandemia actual que azota al mundo, dos posiciones diferentes en lo que se refiere a la conducta a seguir frente a la guerra declarada frente al virus Covid-19: lo sostenido inicialmente por el Reino unido y lo que propugna Francia. [6] De igual manera, Lacan planteaba como eje principal de su escrito sobre la psiquiatría inglesa la oposición de dos discursos de nacionalidad diferente frente a la segunda guerra mundial: uno de Inglaterra y el otro de Francia.

El trabajo colectivo, La pschanalyse á lépreuve de la guerre, realizado bajo la dirección de Marie-Hélène Brousse da cuenta de esta oposición, llegando a resaltar, desde diversos ángulos,  la destacada aplicación del psicoanálisis a las prácticas psiquiátricas. Así  se van perfilando, desde la primera página del escrito que comentamos, los significantes claves de parte de cada uno de esos dos discursos señalados por Lacan: del lado francés, destaca, en primer lugar, el término “modo de irrealidad” opuesto al “rapport verídico a lo real”, por parte del discurso inglés. [7] Tal como se evidencia, las dos expresiones apuntan al lazo existente entre la guerra y lo real, tratado de manera distinta por cada uno de los discursos aludidos. La expresión “modo de irrealidad”, que distinguía la manera cómo los franceses habían asumido la guerra se sostiene en lo que Lacan llama “un encantamiento deletéreo”, mientras que del lado del discurso inglés, lo que priva es un resorte moral, inseparable de un “realismo”. La expresión “rapport verídico a lo real” presenta la articulación entre tres palabras esenciales: rapport, verdad y real. La expresión presenta la relación, el rapport, entre la verdad y lo real. La relación entre el sentido de la verdad subjetiva y el real ineluctable, impredecible, presente en toda situación de crisis, como lo es una guerra, la que en no pocas ocasiones se presenta en una sociedad, en una cultura o religión, en una o varias naciones, como la respuesta inevitable frente a la crisis.

Lacan realiza un análisis de discurso del artículo inglés en cuestión, donde individualiza los significantes-amos que han regido las posiciones francesas e inglesas frente a la guerra.  Sabemos que todo discurso promueve un modo de goce, en donde se han inscrito tanto las ordenes superyoicas, como las exigencias del Ideal del yo. Así, desde el inicio del escrito, identifica, en el discurso francés frente a la guerra, que viene de terminar, las “ideologías”, calificadas de foráneas, fantasmagorías de grandeza, expresiones de senilidad, delirio agónico y fabulación. En el discurso inglés estarían presentes “el desconocimiento sistemático del mundo” que viene a expresar un modo de defensa contra la angustia, mecanismo inconsciente que, a futuro, vendrá a equivaler al “yo no quiero saber nada”, frase con la que en el Seminario XX, “Aún”, Lacan  utilizará para definir al síntoma inconsciente descrito por Freud.

Puede apreciarse, plantea M-H Brousse, cómo las dos producciones discursivas, tanto la narcisista francesa como la sintomática inglesa, convergen en una suerte de rechazo de lo real, dando prueba tanto la una como la otra de un tratamiento  eficaz contra la angustia. [8]

Al final del texto La psiquiatría inglesa y la guerra,  Lacan aspira extraer una enseñanza de los discursos sostenidos frente a la guerra de estos dos países, atreviéndose a predecir sobre el futuro de estas posiciones asumidas. Opone así lo que denomina como “un manejo concertado de las imágenes y las pasiones”, probado con éxito por los ingleses durante la II Guerra Mundial. Este manejo concertado viene a situarse frente al “juicio, la resolución y la unidad moral” que marcó el discurso francés. Lacan sostiene que de mantenerse esa posición  francesa traerá como correlato “nuevos abusos de poder.” [9]

Se aprecia en ciernes, en este escrito, la intención lacaniana de introducir en la concepción de la guerra lo que se formulará como la ética del psicoanálisis, la ética del deseo, extraída de la lectura del filosofo judío, excomulgado de la Sinagoga, Baruj Spinoza, ética que será elaborada a lo largo del Seminario VII, titulado, precisamente, “La ética del psicoanálisis”.

En el llamado “manejo concertado de las imágenes y las pasiones”, se puede identificar una posición ética, contrapuesta a la fascinación francesa que, en no pocas ocasiones, es ejercida sobre el yo por la identificación imaginaria y por  el mandato superyoico, el que casi 30 años después Lacan va a identificar como imperativo de goce.

En el articulo “El discurso y lo real de la guerra”, publicado en el  libro “La psychanalyse à l´epreuve de la guerre”, Éric Laurent sostiene que en tiempo de guerra emerge un conflicto entre el yo y el ideal del yo, tal como sucede en la melancolía descrita por Freud, cuando el yo pasa a identificarse al objeto perdido. La diferencia reside en que en la guerra el objeto del soldado es un objeto simbólico, identificado con  el ideal guerrero. [10] En la guerra, el enemigo no sólo se encuentra en el exterior, sino también al interior mismo del soldado, en el Otro Ideal que lo empuja al sacrificio heroico, al deber cumplir en nombre de la patria. Lo que se plantea es la confrontación del sujeto en guerra con su propia pulsión de muerte actuando muchas veces tras el Ideal del yo. Se evidencia, de esta forma, que ya en 1947 se encuentra en germen lo que será mantenido a lo largo de su enseñanza: la orientación ética de la experiencia psicoanalítica.

Marie-Hélène Brousse sostiene que Lacan, en el Seminario XXI, “Los no incautos yerran”, va a retomar la ética del psicoanálisis desde la perspectiva planteada, no a partir del padre como fue el caso del Seminario VII, “La ética del psicoanálisis”, sino ahora la va a formular desde la dimensión de un más allá del padre. Esta orientación deriva de que Lacan va a extraer las consecuencias que se desprenden de la declinación del padre, yendo más allá de un orden simbólico, asociado a una organización vertical del lazo social, centrado en el líder, figura propia del registro paterno.

Lacan va a plantear que tanto el padre como los no-incautos están condenados a extraviarse, a errar, en tanto y en cuanto han perdido la brújula de la ética a seguir en la civilización propia de la modernidad: la de ser incautos de lo real.

Sobre lo real, afirma JAM, en la lección del 20 de Noviembre de 1996 del Seminario El Otro que no existe y sus comités de ética, lo siguiente: “La lección que se puede extraer es, si me permiten , que resulta importante en el psicoanálisis mantener el rumbo hacia lo real”. [11] Lo real es lo que constituye para cada quien, en su singularidad, su modo de gozar; sin dejar de tener presente, por otra parte, que existe un goce regulado, normativizado a causa del discurso, vale decir del lazo social, en el que el sujeto está inscrito. En todo discurso existe un lugar asignado al goce, más que del sujeto, del parlêtre.

La experiencia psicoanalítica de orientación lacaniana posibilita la realización del desplazamiento del trayecto que va desde una ética sustentada en el deseo, en la metáfora paterna, a una ética guiada por lo que queda por fuera de toda metaforización, una ética que apunta a un más allá del padre: la ética orientada por lo real. Lo real en juego en psicoanálisis es lo real del goce, ser incauto del goce ―être dupe du reel― implica orientarse por esa brújula. Es lo que vislumbra Lacan en la expresión “rapport verídico a lo real”, como respuesta de los ingleses en la guerra contra los nazis. El registro de lo real frente al discurso francés de  no querer saber, llegando  hasta el colaboracionismo con el delirio paranoico de los nazis. En este tipo de discurso, se inscribe el problema de la obediencia militar, ampliamente abordada en el juicio de Nuremberg, fundamento del funcionamiento de un ejército, también de la integración al lazo social que viene a presentar la incorporación del individuo a la masa. En el fondo, con la obediencia militar debida, operativa en la guerra, de lo que se trata es de una obediencia al padre. En oposición a la obediencia debida, se sitúa el principo llamado de “objeción de conciencia” o de desobediencia, siguiendo el criterio de la propia conciencia, principio que fue mantenido en Gran Bretaña, mientras que la objeción de conciencia era suprimida en Francia en tiempos de guerra, tal como recuerda Lacan al final de su escrito.

Al respecto podemos citar a Guy Briole, cuando  afirma, en su artículo “Desobediencia”, que el psicoanálisis pone de manifiesto una elección: rechazo o sumisión, estableciéndose
un cierto “rapport” entre esta elección y lo que el autor llama “una ética de la desobediencia”.

En el texto La psiquiatría inglesa y la guerra, Lacan presenta el proceso de integración del individuo a la masa, del soldado descarriado a la masa del ejército; vale decir, el lazo social, tal como fue conducido por Rickmann y Bion. Existe una diferencia importante en cuanto a la lógica subyacente en la constitución del lazo social entre Freud y Lacan. Éric Laurent [12] sostiene que, mientras el fundamento del lazo social para Freud reside en el líder, para Lacan se funda en un primer rechazo primordial, tal como es presentado en el escrito  de Lacan  El tiempo lógico y el aserto de certeza anticipada de 1946.

La lógica que plantea Lacan, para la conformación de la masa o del grupo humano, no es la misma de Psicología de las masas y análisis del yo; para Freud si bien el odio y el rechazo fascista pueden favorecer el lazo, no dejan de permanecer conectados al líder. Lacan descarta la identificación como generadora de lazo social para situarla más bien en el rechazo, una cierta forma de racismo, sostiene Laurent. En el fondo, de lo que se trata es de una cuestión de goce, del rechazo a quien no goza del mismo modo que yo.

Este aspecto juega un papel fundamental en la problemática de la guerra. Los que estamos en este bando, estamos convocados a formar una homogeneidad de masa o de grupo, en tanto rechazamos a los que están en el bando de enfrente, a los que no son como nosotros, a los que piensan y gozan distinto y por eso los rechazamos, por eso vamos contra ellos.

La idea de Lacan sobre el lazo, la “asimilación humana” como la llama en el escrito El tiempo lógico y el aserto de certeza anticipada,  no parte del líder como ideal del yo, de una imagen positiva, sino todo lo contrario, se apoya  en lo negativo de un no saber sobre lo que se es como sujeto, -falta-en-ser producida por el lenguaje, para luego poder acceder a lo que soy o creo ser, en tanto y en cuanto rechazo al Otro, al goce del Otro, al que considero un paria, un traidor, en una palabra, mi enemigo.
   
Es esto, precisamente, lo que conforma la matriz de la identificación segregativa, fundamento de la xenofobia y el racismo en los tiempos que corren, tal como profetizara Lacan en Televisión.

Es por esta razón que una Escuela psicoanalítica de orientación lacaniana está llamada a funcionar siguiendo el principio de una identificación no-segregativa.



Notas
1. Lacan, Jacques. La psychiatrie anglaise et la guerre. Autres écrits, París, Seuil, 2001, p.108.
2. Íbid.
3. Laurent, Éric. Racisme 2.0, Lacan Quotidien.
4. Brousse, M-H. Des ideaux aux objets: le noeud de la guerre. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre. Ed. Berg International, 2015, p.147.
5. Íbid.
6. Laurent, Éric. L´Autre que n´existe pas et ses comités scientifiques, Lacan Quotidien # 371.
7. Lacan, Jacques. La psychiatrie anglaise et la guerre, op.cit., p.101.
8. Brousse, M-H. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre, op.cit., p.148.
9. Lacan, Jacques., op.cit., p.120.
10. Laurent, Éric. Le discours et le reel de la guerre. La psychanalyse á l´épreuve de la guerre, op.cit., p.246.
11. Miller, Jacques-Alain. El Otro que no existe y sus comités de ética. Paidós, Buenos Aires, 2005, p.13.
12. Laurent, Éric. Racisme 2.0. Lacan Quotidien.